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Fernando Maestre,Opina.21fmaestre@peru21.com

Al pensar en la unión familiar inevitablemente nos viene a la mente la figura de ambos padres unidos por sus hijos, los cuales disfrutan de un clima plácido, cariñoso y cálido en casa. Nuestros hogares han tenido serias alteraciones, que cambian esta clásica configuración. Ahora, no siempre se vive esta amorosa unión, pues encontramos parejas separadas por trabajo. Hay hombres que laboran 20 días al mes fuera de casa, en provincias, y solo tienen 8 días junto a sus seres queridos. Al cabo de estos, se presenta de nuevo la separación. Esta forma de vivir produce cambios en los hogares. Uno de ellos es la inquietud que se crea en el corazón de las parejas al llenarse de incertidumbre, celos e inseguridad sobre la fidelidad del cónyuge. Otro es que la distancia puede aumentar las tentaciones y estas –unidas a la soledad– dejan abierto el camino para la aventura. A esto se suma el dolor de los hijos de no contar con la presencia paterna o el desborde de los adolescentes que, lejos del padre, pierden estudios, desobedecen a la madre y se unen a pandillas. Por ello, el hogar debe estar unido. Así se evitarían estas dificultades.

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