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Escritora

Eran cinco actores, una productora y una asistenta. Aceptaron convertirse en planetas del pequeño mundo que se me había ocurrido montar en una casa antigua de Barranco. La obra se llama "El Sistema Solar". Como no teníamos plata, ellos trajeron su ropa y yo traje los muebles de mi sala. Nadie exigió pagos, nadie se quejó de que la escenografía no fuera bonita. En cada función, cuarenta espectadores pegados a las paredes de una sala vivieron la experiencia de ser invitados invisibles en una nochebuena de la familia Del Solar. Acabamos la temporada con gente afuera y tuvimos que programar más fechas. Han pasado 3 años, hemos hecho muchísimas funciones, todavía no ganamos plata con la obra, pero nadie quiere dejar de hacerla.

En el 2003, el ministro Javier Silva Ruete quiso quitar la exoneración del IGV al teatro. Ante tal despropósito, que iba a liquidar el teatro peruano, los teatreros salimos a protestar. Hicimos una performance en la Plaza de Armas: un grupo de directores y dramaturgos morimos frente a un pelotón de fusilamiento. Esa misma noche el ministro derogó el infortunado decreto. Pero esa no fue la única vez que nos quisieron matar. Alberto Fujimori eliminó los beneficios tributarios de las empresas que apoyaban el teatro. Y ahora Luis Castañeda mató el Festival de Artes Escénicas de Lima (FAEL), que durante tres años nos dio, entre otras cosas, la oportunidad de salir al mundo con nuestras obras. Gracias al FAEL, por ejemplo, "El Sistema Solar" se presentó en el Festival Santiago a Mil, en Chile, y hoy estrenamos en el Festival de Cádiz. Nos invitaron también a otros festivales, como a otras obras peruanas, pero no pudimos ir porque no tenemos, como en otros países, fondos concursables del Estado para giras.

En otros países latinoamericanos, los grupos de teatro reciben ayudas económicas del Estado, y se sorprenden cuando nosotros les contamos que acá no recibimos ni un sol. Hasta Ecuador y Bolivia tienen su Festival. Como la hinchada del fútbol peruano, los teatreros seguimos con la fe puesta en un trabajo que a veces parece precariamente sostenido por una pasión ilusa y ciega. En la excelente obra que acaba de estrenar David Carrillo, "Lo que nos faltaba", un director de teatro sufre un colapso antes del estreno de su obra, agobiado por el estrés de un trabajo esclavizador. El mismo David (productor, director, dramaturgo y actor de la obra) colapsó después del estreno, tuvo un infarto del que felizmente ya se recuperó, y se convirtió así en el emblema de nuestro teatro: el que resiste a la tentación de migrar a la televisión, que se desloma creando cultura sin ayudas del Estado. David sigue actuando en su obra, en Lima Norte se ha inaugurado un nuevo teatro y hoy, en Cádiz, un grupo de españoles verán que el Perú no solo hace buena comida. El teatro peruano, a pesar de la ignorancia de nuestros gobernantes, nunca caerá fusilado.