Mariana de Althaus: Salvajes
Mariana de Althaus: Salvajes

Escritora

En este país, cuando una mujer sale embarazada como consecuencia de una violación, la obligamos a tener al bebé. No importa si ese niño crece sin amor. En este país, que tiene el mayor índice de violación en Sudamérica, no nos importa que ese bebé le recuerde a la mujer minuto a minuto la brutal agresión que le rompió la vida. Obligamos a 35 mil mujeres cada año, la mayoría niñas, a tener un hijo de violador porque asumimos que ellas, animales procreadores, van a amar a sus bebés, de lo contrario las acusaremos de malas madres. En este país no importa la salud mental de la mujer violada ni la del hijo, ni si se desarrolla un vínculo irreversiblemente dañino para los dos, o que ese niño, cuando crezca, sepa que a su madre la obligaron a tenerlo, que su padre viola mujeres, y peor aún, que traumó para siempre a su propia mamá. Asumimos que él va a convivir saludablemente con la idea enloquecedora de ser producto del momento más brutal de la vida de su madre. La cosa es que viva, no importa si es una vida llena de dolor y rabia. En este país les negamos a esas mujeres la opción a decidir, las obligamos a renunciar a sus sueños, a convertirse en madres solteras de alguien a quien no quieren, a engrosar ese 30% de madres peruanas que crían hijos solas en un país que está entre los peores lugares para ser madres en el planeta.

En este mundo hay muchas personas que se autoproclaman "defensores de la vida" y alzan pancartas con frases como "Un inocente no tiene por qué pagar la culpa de un violador", deslizando la idea de que la mujer violada no es inocente, por lo tanto ella sí tiene que pagar. Se sienten protectores de altos valores humanos, pero en vez de ayudar a mujeres violadas, prefieren obligarlas a gestar y darles la espalda. No promueven políticas de prevención de violaciones, no luchan por la creación de centros de ayuda para madres violadas. Son cristianos y son buenísimos, pero por las niñas violadas no son capaces de mover un dedo.

Los "defensores de la vida" tampoco impiden con sus marchas que ocurran los más de tres millones de abortos clandestinos que se dan al año. Ellos lo saben, pero no les importa. Prefieren seguir apoyando una ley prohibitiva que no disminuye los abortos, pero sí aumenta las muertes: más de tres mil niñas y jóvenes mueren al año por un aborto clandestino. En este mundo, hay muchos "defensores de la vida" que tienen un extraño concepto de vida. Si una civilización extraterrestre llegara a la Tierra y le contamos esto, probablemente se iría espantada. Cruel y salvaje raza humana.