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Escritora

Quisieron cambiar el mundo, conformaron una familia para inventar un teatro nuevo, alzaron una casa y trabajaron duro para mantenerla, nos abrieron las puertas a todos y nos sacudieron con sus historias; recuperaron nuestros ritos, nuestra sacralidad, viajaron por el mundo, fueron aplaudidos con admiración en pueblos apartados, en festivales internacionales; nos hicieron mirar al pasado y en esa imagen reconocimos las señales para entender el presente, crearon más de treinta obras de teatro que, juntas, conforman el mapa emocional del Perú, nuestras heridas y nuestras salvaciones.

No son solo actores y dramaturgos; son investigadores de nuestras tradiciones, son los soñadores, los guerreros, los embajadores del teatro peruano. A mediados del siglo pasado, empezó a surgir lo que se llamó el Teatro Latinoamericano: el sueño de una gran revolución teatral que iría de la mano de aquella revolución social en la que tantos creyeron. "En esos momentos, nos atrevimos a reconocernos en nuestras particularidades y a inventar creativamente el teatro que nos hacía falta", dice el director Miguel Rubio en su libro "Raíces y semillas"; porque, después de la conquista, "El teatro europeo fue impuesto desconociendo las formas de la representación que habitaban en estas tierras". El sentimiento colectivo, la necesidad de un teatro político que recuperara nuestra diversidad cultural, de incorporar a un público tradicionalmente excluido de los teatros: premisas que se encuentran en peligro de extinción en las nuevas generaciones de teatreros, pero que fueron indispensables para que este grupo generara una teatralidad propia e inimitable.

Hoy, las cosas han cambiado mucho. Las afirmaciones categóricas con las que se construyeron no resistieron el cambio de siglo, y hoy los Yuyas relativizan sus supuestos y encaran con vitalidad los nuevos tiempos. Después de 44 años de trabajo, Yuyachkani sigue creando, pensando, mirando. Volvemos a sus obras para reconectar con una verdad, para mirarnos en un espejo que no miente. Algunos teatreros volvemos también para recuperar la fe en nuestro trabajo. Este año, demostrando una flexibilidad acorde a los nuevos tiempos, Yuyachkani no mostrará su repertorio en su hermosa casa de Magdalena sino en el lujoso teatro de la Universidad del Pacífico, y nosotros iremos a verlos, porque, como dice Rubio en su libro refiriéndose a su admirado Brecht, "Los maestros no desaparecen, se mueven de lugar y hay que aprender a encontrarlos para seguir dialogando con ellos".