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Escritora

Estas últimas semanas han estado cargadas de noticias desalentadoras. El fracaso del proyecto de la Unión Civil, los 34 muertos del choque en la Panamericana Norte, los damnificados del huayco en Chosica, el doble atropello e intento de fuga del hijo de un ex ministro, el triunfo de la ignorancia y la falta de respeto en la televisión, la indignante gestión del alcalde de Lima, que violenta la cultura, se burla de los artistas, deshace la reforma de transporte, se tumba Río Verde para hacer un bypass sin planificación y saltándose todas las normas. Nuestra histórica vocación autodestructiva crece proporcionalmente a los índices económicos. No se practica la prevención ni la visión a largo plazo, la cultura del "vale todo" no tiene freno en parte gracias a que nuestras autoridades y líderes de opinión la practican y se enorgullecen de ella. Un panorama angustiante que parece no tener salida.

Pero si bajamos el volumen del ruido atronador de tanta catástrofe junta, logramos oír, por ejemplo, a un grupo de artistas plásticos que protestan ante Castañeda renunciando a participar en una feria de arte que cometió el error de aliarse con el alcalde anticultura. Oímos a un importante productor de televisión defender su homosexualidad sin perder la elegancia ante una avalancha de agresiones homofóbicas. Vemos al alcalde de Miraflores ir a contracorriente invirtiendo en cultura y construyendo almacenes subterráneos para emergencias en diferentes parques de su distrito. Vemos al nuevo director de El Comercio subiendo el nivel de los contenidos del periódico y eliminando a sus elementos menos constructivos. Vemos a un jugador de fútbol abandonando en un acto de protesta un partido ante los insultos racistas de la tribuna. Y estos actos valientes traen al recuerdo otros del pasado, como la renuncia de Carlos Alcántara al programa "Lima Limón", asqueado de la chabacanería de la tele basura. O la colgada de teléfono de Valentín Paniagua a Nicolás Lúcar en su programa, luego de acusarlo de querer desbaratar la democracia ya recuperada. O, recientemente, el de-salojo de los comerciantes de La Parada a cargo de Susana Villarán.

La tentación de caer en el cinismo o la indiferencia es muy grande. Pero como dijo Ramiro Llona, "En momentos como este no podemos perder nuestra capacidad de asombro". Nunca vamos a despegar realmente como país si nuestros líderes no nos inspiran a convertirnos en mejores personas y a creer en el Perú. Si nuestros representantes solo nos enseñan a ser hombrecitos de alma pequeña dispuestos a chancar a cualquiera con tal de conseguir nuestro propio beneficio, vamos a permanecer en la miseria. Necesitamos que más gente se plante ante la corrupción, que se arriesgue a perder algo en busca de un bien común. Tenemos que protestar, denunciar el maltrato, exigir respeto. Necesitamos urgentemente actos valerosos, gestos ejemplares, líderes inspiradores. Necesitamos, por favor, un poco de esperanza.