Mariana de Althaus: La verdadera cárcel
Mariana de Althaus: La verdadera cárcel

Escritora

El Congreso archivó el caso de despenalización del aborto, pero igual hoy hay muchas mujeres abortando. Algunas de ellas, las más privilegiadas, lo están haciendo en clínicas privadas, con el apoyo de su familia. Otras, las pobres, lo están haciendo en el baño de su casa o en un centro clandestino, quizá quedarán infértiles para siempre o incluso pueden morir. La lucha por la despenalización del aborto no busca evitar que metan a la cárcel a las mujeres que abortan, puesto que en la práctica ninguna mujer va a la cárcel al hacerlo, como señala Rosa María Palacios. Es una lucha para que el Estado se haga cargo de esas miles de mujeres y niñas que día a día se ven desesperadas y obligadas a someterse a un aborto que pone en grave peligro su salud y su vida. El Estado no está dispuesto a hacerse cargo de eso, prefiere que esas niñas lo hagan. Ni siquiera les dan la píldora del día siguiente. Que se metan un cuchillo, si quieren. El Estado prefiere mirar para otro lado. Es más fácil y más barato para él.

Aunque no nos metan a la cárcel por abortar, la despenalización del aborto es necesaria porque es inmoral que nos digan delincuentes por hacerlo. Vamos a abortar igual y no vamos a ir presas por ello, pero la verdadera cárcel es el desamparo y el estigma social. La despenalización es necesaria porque las mujeres debemos tener derecho a decidir sin ser juzgadas socialmente y sin arriesgar nuestra vida. Lo que hay detrás de todo este asunto, ya lo sabemos, es un menosprecio profundo por la mujer y una ancestral resistencia a que nosotras tomemos decisiones. Seamos realistas, la despenalización del aborto por violación está lejos. Una ley así exige un Estado laico y moderno que vele por los derechos de las mujeres, los homosexuales y otros grupos humanos cuyos derechos hoy los decide la Iglesia Católica.

El Congreso archiva el proyecto de ley sin debatirla, acusan de "apología del aborto" a un ex procurador por presentar un libro informativo sobre una pastilla abortiva, organizaciones antiaborto difunden imágenes manipuladoras que presentan a las mujeres que abortan como si fueran asesinas de la peor especie. Y recordamos que nuestra lucha no es contra congresistas que no se atreven a tomar partido, sino es una lucha por un cambio de mentalidades, una transformación en la forma de hacer política que rechace el machismo, fanatismo y doble moral. En estos días vimos la tarea que tenemos delante todos los peruanos que defendemos la vida y los derechos de la mujer. Este Congreso decidió no debatir la despenalización del aborto por violación. Pero no pararemos hasta conseguirla.