( REUTERS)
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Para millones de personas en el mundo, además de los argentinos, el mejor futbolista de todos los tiempos, casi un dios, para millones también, era Diego Armando Maradona. Su controvertida vida, siempre al filo de la navaja, llamó permanentemente a la muerte, y esta llegó ayer, a los 60 años. Los había cumplido el 30 de octubre. Es indiscutible la conmoción provocada por la desaparición del ’10′ más famoso, más fotografiado, más entrevistado, más discutido, más rebelde, pero también el que más alegrías futboleras le dio a ese país. Me borró de un plumazo el tema pensado para esta columna.

Tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a Maradona para Panamericana Televisión el 2 de diciembre de 2001, hace casi 19 años. Lo que rodeó la antesala de la conversación con él tuvo un halo misterioso. Fue una de aquellas experiencias kafkianas que enfrentamos los periodistas. Guillermo Coppola, quien fue representante del Diego en sus años dorados como jugador, nos recogió en un grifo cercano de un barrio residencial bonaerense, en el que también residía la famosa Susana Jiménez, y nos dejó en una casa que parecía abandonada. En el interior nos recibió una persona y nos pidió unos minutos. Finalmente, vimos bajar por una escalera al astro del fútbol mundial, recién duchado, subido de peso, con dificultad de movimiento, y con un inmenso vaso de “soda” con hielo en la mano.

Tras el saludo protocolar y con la desconfianza en sus ojos comenzamos nuestra conversación. Le dije que no hablaríamos de fútbol, sino sobre su vida. Confieso que quería entender la adoración y la idolatría por él. Sin embargo, en el transcurso de la conversación me empezó a intrigar mucho más su mirada perdida, por momentos adolorida, cuando le preguntamos por su familia, su exesposa, sus hijas y sus padres. Lo tuvo todo. Le dio las alegrías más grandes a su país, pero el vacío que le dejó la salida de las canchas y sus necesidades más profundas, auguraban un final abrupto y prematuro. Tal como ocurrió. Diego Armando Maradona fue una leyenda en vida, con todos los monstruos que lo rodearon. Hoy es una leyenda en otra dimensión. La eterna.

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