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Fritz Du Bois,La opinión del directorLa campaña por la revocatoria de la alcaldesa de Lima ya entró en la recta final, pero los participantes continúan actuando de un modo extraño, como si algo estuvieran esperando. A estas alturas del partido, no parece probable que presenten propuestas concretas al electorado.

Así, en primer lugar, tuvimos el inesperado mea culpa de Villarán, quien reconoció que durante su administración se han equivocado y que por ello la mayoría de limeños están insatisfechos con su gestión. Para luego pasar a pedir una segunda oportunidad y ofrecer enmendar su rumbo planteando formar un gobierno de ancha base en la municipalidad. Aunque su concepto de ancha no es tan amplio, ya que se refirió únicamente a aquellos partidos que en esta revocatoria la han apoyado.

En todo caso, la alcaldesa dejó pasar una brillante ocasión para dar a conocer a la población su visión para la ciudad durante los siguientes dos años. Al final, una eventual coalición con el PPC fue lo único que emanó y la presentación dio la sensación de haber sido un manotazo.

Mientras, por el lado de los revocadores al negarse inicialmente a debatir claramente querían patear la pelota fuera de la cancha para hacer tiempo esperando que los últimos sondeos que mañana serán publicados mantengan su ventaja, sintiendo de esa manera que su triunfo estaría asegurado. Con lo cual hubieran caído en el mismo error de sentirse ganadores antes que el partido haya terminado –con un electorado volátil como el peruano– que han cometido otros en el pasado, todos derrotados.

Felizmente para ellos, el Jurado les devolvió la pelota del debate al rechazar el planteamiento del campo de Villarán de que para ser revocada se requería de un número de votos mayor al que la eligió, salvando a los revocadores de un tremendo tropezón. Sin duda, si no iban habrían dado la impresión de correrse del electorado, lo que hubiera parecido otro manotazo.