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Lucía de Althaus,Opina.21www.parentalidad.pe

Un niño de 5 años retrocede en el control de esfínteres, haciéndose heces sin avisar, después de que su padre estuviera hospitalizado por una enfermedad grave. Una niña de 6 empieza a desarrollar un tic nervioso, luego de que su madre sufriera un aborto espontáneo. Una niña de 4 empieza a despertarse todas las noches, después de haber presenciado varias peleas entre sus padres.

Los niños tienen estas maneras –corporales y exageradas– de decirnos que están con miedo, que están preocupados o angustiados. Porque, cuando los adultos pasamos por golpes semejantes, los niños lo sienten, pero no lo entienden. Al no entender, intentan esbozar una explicación utilizando sus fantasías infantiles, las cuales pueden ser más terroríficas que la realidad misma, multiplicándose así el miedo.

Hay que encontrar siempre la manera de hablar con los niños sobre lo que se está viviendo. No es necesario darles explicaciones concretas sobre el mundo adulto. Solo basta con decirles que sabemos que están percibiendo a mamá y papá preocupados, tristes o molestos, indagando entonces sobre cómo se están sintiendo ellos, para pasar luego a una explicación sencilla que los tranquilice.