Mal, mal, mal

"Culpar a la constitución per se por todo lo malo que sucede es la especialidad de algunos sectores de la población que detestan su capítulo económico".

Cuestión de confianza

(USI)

(USI)

El domingo pasado el presidente Martín Vizcarra dio un mensaje a la nación en el que anunciaba que su gobierno plantearía una cuestión de confianza ante el Congreso. Esto, según manifestó el primer mandatario, ante las demoras del poder Legislativo con respecto a la aprobación de los proyectos de reforma política presentados en su discurso de fiestas patrias…

Mal Vizcarra y su gobierno:
Nos guste o no el Congreso tiene la responsabilidad de debatir y de dialogar con el Ejecutivo sobre cualquier reforma que este último quiera implementar en el país. La actitud del presidente y de su primer Ministro, sin embargo, los demuestra renuentes a que esto suceda.

Y es que si bien el gobierno tiene derecho a insistir para que sus proyectos de reforma se aprueben sin alteraciones, esto último tiene que lograrse luego de un proceso de diálogo político donde el Ejecutivo demuestre la pertinencia de lo que quiere lograr. Sostener, como hizo Villanueva, que no se aceptarán “aprobaciones parciales”, da la impresión de que el primer mandatario y sus adláteres creen que los proyectos presentados son inmaculadas obras de perfección que no pueden ser tocadas y que las medidas a tomar son incuestionablemente positivas, como si hubieran sido concebidas por un grupo de gente iluminada. Esta actitud es soberbia y preocupante cuando se habla de reformas tan importantes.

Mal Fuerza Popular (y sus allegados):
La actitud de la bancada de Fuerza Popular (y sus allegados) antes y después del pedido de confianza ha sido atroz. En primer lugar, duela a quien le duela, fueron ellos los que volvieron a activar las tensiones con el gobierno con las declaraciones de Keiko Fujimori sobre sus reuniones con Vizcarra. Además, el grupo opositor ha tenido pocas dudas a la hora de perfilar ataques contra el presidente, por ejemplo, comparándolo con Maduro y diciéndole “pobrecito”. La actitud confrontacional que ellos le imputan al gobierno es solo una proyección de la que ellos mismos han demostrado en los últimos dos años.

Por otro lado está la irresponsabilidad de muchos opinólogos de simpatías naranjas que han dicho que lo hecho por Vizcarra es un golpe de Estado. Calificar así una potestad constitucional del presidente es tan criticable como pedir la disolución del Congreso.

Mal los oportunistas:
En este tipo de situaciones siempre surgen algunos que buscan aprovechar para llevar agua para su propio molino político. Verónika Mendoza, por ejemplo, ha reaccionado ante la tesitura pidiendo por enésima vez un cambio de constitución y otros tantos izquierdistas han vuelto a pedir nuevas elecciones. No obstante, si bien está claro que el país está en crisis, es obvio que el camino a solucionar los problemas no es traer abajo las instituciones democráticas, sino ampararse en ellas para reformarlas y fortalecerlas.

Culpar a la constitución per se por todo lo malo que sucede es la especialidad de algunos sectores de la población que detestan su capítulo económico. Pedir el cierre del congreso, por otro lado, es un discurso propio de los que no creen en los procesos democráticos que llevaron a los congresistas a sus curules.

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