(Foto: GEC)
(Foto: GEC)

Para demostrar que este año está difícil y que las ventas no llegarán a los niveles de años anteriores, un noticiero pasó las imágenes de un Gamarra ordenado y sin ambulantes en las calles, pero también advertía sobre la falta de compradores. Sin recordar que no eran aún las 8 de la mañana, llamaba la atención sobre cómo la falta de crecimiento había golpeado a las familias.

Dejando de lado la manipulación, el reclamo no deja de ser válido: un año de poco crecimiento afecta la oportunidad de mantener o conseguir empleo, de generar ingresos para el hogar, y reduce el bienestar. Lo vemos pero, ¿hemos entendido que el crecimiento requiere ciertas condiciones, como la inversión y que esta, a su vez, necesita condiciones adicionales como un clima de confianza que depende de que las leyes sean apropiadas y se respeten?

Los pasitos a lo Michael Jackson del Ejecutivo respecto a Tía María son en realidad menos relevantes que la incapacidad de Proinversión de haber sacado adelante algún proyecto en todo el año, o la paralización de Chavimochic y Majes Siguas, que muestran que los caprichos de un par de gobernadores regionales pueden negar la posibilidad de salir de la pobreza a millones de peruanos.

Pero estamos distraídos: primero, con persecuciones y acusaciones en las que la mitad miente y un cuarto no dice la verdad y, al 25% que sí la dice, nadie le cree, y luego con las entrevistas que aparecen de vez en cuando a unos señores que dicen ser candidatos al Congreso. Pero casi todos parecen participantes del concurso “¡El que Piensa Pierde!” de Les Luthiers. Y, aun así, esta vez, miramos hacia el norte y luego hacia el sur, y recordamos que nosotros sí fuimos al último mundial.

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