El 4 de agosto, Nicolás Maduro interrumpió un acto con la Guardia Nacional Bolivariana luego de que varios drones con cargas explosivas detonaran en las cercanías de la tarima presidencial. (Foto: EFE)
El 4 de agosto, Nicolás Maduro interrumpió un acto con la Guardia Nacional Bolivariana luego de que varios drones con cargas explosivas detonaran en las cercanías de la tarima presidencial. (Foto: EFE)

El nefasto presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está aprovechando la situación que se ha generado por las medidas implementadas por algunos países de la región para hacer frente a la migración venezolana, fundamentalmente, para dos cosas. En primer lugar, para frenar la salida al exterior de sus compatriotas. Es el momento de demostrar a la sociedad venezolana que migrar no es la mejor opción, por las pocas oportunidades y la xenofobia existente.

Promover vuelos que regresan a venezolanos a su país y hacer públicas las críticas de los retornados desincentivan la emigración de venezolanos y generan animadversión contra su presencia en Perú, Colombia y Ecuador. Es muy probable que el gobierno de Caracas haya enviado infiltrados o simplemente utilice a migrantes que deseen regresar. Irónicamente, en las circunstancias actuales, ningún gobierno va a rechazar la posibilidad de que migrantes venezolanos puedan volver a su país.

En segundo lugar, Maduro busca afectar a aquellos países que son actualmente los más críticos de la situación política de Venezuela. Tratándose del Perú, los múltiples cuestionamientos internacionales que provocó el pedido de pasaporte a los venezolanos perjudican el liderazgo que hemos asumido al interior del Grupo de Lima.

Mientras tanto, la región continúa privilegiando la seguridad sobre lo humanitario, sirviendo al juego del régimen chavista. Brasil quiere imponer cuotas al día para el ingreso de venezolanos, y las autoridades migratorias de Perú y Colombia acuerdan intercambiar información de los migrantes, pero no logran mayores avances para su protección.

Maduro busca incrementar el odio hacia los venezolanos en países como el Perú y promover restricciones que limiten su movilidad por la región.

Resultado: menos venezolanos escapando, más posibilidades para debilitar a sus críticos.

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