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El calentamiento global debería motivarnos a desarrollar un plan nacional para contar con muchas más represas, diques, canales, carreteras, puentes y obras que aseguren la disponibilidad de agua para uso humano, agrícola, industrial y minero. Así viviríamos sin los sobresaltos que hoy enfrentamos. No es posible que la Carretera Central sea tan solo de un carril de ida y otro de vuelta en la mayor parte de su trazado. Debería ser del doble de ancho, con muchos más túneles y zonas de seguridad para camiones de carga y buses de pasajeros. Simultáneamente, dos autopistas asfaltadas deberían ir a lo largo de los ríos Chillón y Cañete, y dar accesos alternativos que Lima y su área de inmediata influencia necesitan. Se tiene los recursos y la capacidad de endeudamiento que permiten levantar la infraestructura necesaria para el progreso y el bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Luis Felipe Arizmendifelipearizmendi@gmail.com