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La idea es la siguiente: los egresos y los ingresos deberían estar siempre calzados en cuanto al flujo (no se gasta más que lo que se gana), pero también, en la medida de lo posible, en cuanto al tipo de moneda. Si gana en soles, se endeuda en soles y no en dólares, y viceversa. "Pero el dólar cayó por casi 10 años hasta bien entrado el 2014 y mi deuda hipotecaria fue menor en términos de soles, ¿por qué no puede volver a pasar?". Posible, aunque improbable, a menos que sea un experto en la materia (y quizás ni aun así), no tiene manera de saber cuál será el tipo de cambio dentro de cinco años o seis meses. O mañana. Si usted se endeuda en una moneda distinta a aquella en la que recibe sus ingresos, está añadiendo un elemento de riesgo adicional a aquel incorporado (como que pierda su trabajo).

Imagine que paga US$500 mensuales por un auto que compró en dólares en mayo del año pasado. Entonces, el tipo de cambio rondaba los S/.2.788 y su cuota mensual equivalía a S/.1,394. Hoy, que el tipo de cambio está casi en S/.3.10, su cuota equivale a S/.1.550. Es decir, usted paga hoy 10% más soles que cuando compró el auto. Ahora, si el dólar llegara a S/.3.30 hacia fin de año, como proyectan algunos bancos, pagar su cuota de US$500 le costaría S/.1,650 o 18% más de lo que usted presupuestó en mayo del 2014. Cosa que no sucedería si se hubiera endeudado en soles.

Mientras la incertidumbre global respecto de la marcha de la economía y las finanzas mundiales se mantenga, así como la proyección de que el Banco Central de EE.UU. retirará dólares del mercado (lo escaso es más caro), el dólar seguirá al alza. Puede que no, pero no tiene sentido arriesgarse porque dejar de ganar no es lo mismo que perder.