"En un futuro cercano la principal habilidad de un cirujano estará más cercana al uso de un joystick –sí, el de los videojuegos– que al de un bisturí".
"En un futuro cercano la principal habilidad de un cirujano estará más cercana al uso de un joystick –sí, el de los videojuegos– que al de un bisturí".

En julio de 2018, BioMind, un sistema de inteligencia artificial chino, venció a un grupo de destacados médicos de ese país en el diagnóstico de tumores cerebrales. El software, con 15 minutos de trabajo, logró un acierto del 87% versus un 66% del equipo de humanos.

Ya en 2013, Watson, el software de inteligencia artificial de , acertó en el diagnóstico del 90% de los casos de cáncer de pulmón que se le presentaron en contraposición con el 50% detectado por un grupo de especialistas.

Esta última prueba fue en verdad injusta. Un médico no puede igualar la capacidad de procesamiento de información de Watson –el equivalente a 50 millones de páginas por segundo– y le será bastante difícil recordar las más de 10 mil enfermedades y afecciones humanas. En un futuro cercano el software de IBM podrá saber, aunque el paciente no lo recuerde –o no lo quiera decir–, que estuvo de viaje en una zona con alta incidencia de fiebre amarilla sin estar vacunado.

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En su excelente libro ¡Sálvese quien pueda!, cita la predicción del innovador y fundador de Sun Microsystems, Vinod Khosla: el 80% del trabajo de los médicos será reemplazado por tecnología.

Sería miope no darse cuenta de que la profesión médica tiene un componente profundamente humano en el que la tecnología jamás podrá emular a las personas, y así me permito reformular el título del artículo: los médicos que no se formen sólidamente en tecnologías tendrán problemas de empleabilidad. Khosla no se refiere a que el 80% de los médicos perderán su trabajo; él incide en que el 80% de sus labores estarán automatizadas y las habilidades tecnológicas de un médico serán parte importante de su capital profesional.

En un futuro cercano la principal habilidad de un cirujano estará más cercana al uso de un joystick –sí, el de los videojuegos– que al de un bisturí. La jerga de los pediatras cuando hablen de medicina genética se parecerá más a la de los programadores de computadoras de hoy –el corta/pega genético ya es parte del vocabulario científico–. Un oncólogo será un experto en algoritmos de reconocimiento de imágenes.

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Pero también existirá una suerte de tech-doctors que ‘preprogramarán’ la medicina. Por ejemplo, un médico en Santiago de Chile programará un día antes el brazo robótico que operará de apendicitis a un paciente en la base O’Higgins en la Antártida –actualmente, a las personas que viajan a esa base se les extirpa el apéndice para evitar emergencias–. O un endocrinólogo programará un nanobot que se instalará en el cuerpo de una persona enferma de tiroides para que segregue un medicamento ante ciertos niveles hormonales.

Dado este panorama, ¿cuál será el rol de los médicos? Los que no sean tech-doctors, como se comentó en párrafos anteriores, tendrán la vital labor de intermediar entre la tecnología y las personas, estarán a cargo de la no menos importante tarea de revestir de humanidad a la tecnología. Por ejemplo, un médico de cabecera se convertirá en un traductor del diagnóstico realizado por la inteligencia artificial.

La hibridación de las ciencias de la salud y la tecnología no tiene vuelta atrás; es por ello que los encargados de los currículos universitarios que están formando actualmente a nuestros próximos médicos tienen la responsabilidad de darles esa base tecnológica hoy.

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Esta irrupción masiva de la tecnología no se dará solo en la medicina, implicará un amplio espectro de profesiones; por ejemplo, la abogacía, ya hay softwares que redactan acuerdos de divorcio y testamentos – en Estados Unidos– y algoritmos que sugieren sentencias a jueces; en 2016, el juez del estado de Wisconsin que condenó a Eric Loomis a seis años de prisión reconoció que se basó en el informe emitido por Compas, un sistema de inteligencia artificial.

Tampoco deben quedarse tranquilos profesores, farmacéuticos, contadores… Sugiero revisar el informe The Future of the Employment de los profesores de la Universidad de Oxford, Carl Frey y Michael Osborne, que muestra las ocupaciones más “computarizables” en los próximos 20 años. Considérese que el artículo fue escrito ¡en 2013!

No quiero terminar este texto sin reconocer el heroico trabajo que están realizando los médicos de todo el mundo. Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos con ellos.

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