(Foto: GEC)
(Foto: GEC)

El jueves, gracias a un trabajo de la Unidad de Investigación de Perú21, el país entero pudo escuchar a Antauro Humala, vía Zoom, arengando a sus congresistas para que no cesen en el afán de provocar la vacancia presidencial; encargándoles respaldar para ello al presidente del Congreso, Merino de Lama, y al de la Comisión de Fiscalización –investigado por la Fiscalía por más de seis delitos– Edgar Alarcón, pero sobre todo, dando indicaciones para que sus seguidores aprovechen la inestabilidad política que vivimos y se amotinen para exigir su libertad.

Como se recuerda, Humala cumple condena por el secuestro y el homicidio de cuatro policías, y deberá permanecer en prisión hasta febrero de 2024. Aunque, a juzgar por sus palabras, pretende salir antes. No en vano, cada vez que termina sus conferencias por Zoom desde la cárcel se despide de sus huestes con esta pequeña frase: “Nos prepararemos para el futuro triunfo electoral”.

Su verborrea llega siempre cargada de violencia, resentimiento y falsedad, pero en estos tiempos, quienes le hacen eco son congresistas de la República.

La sociedad civil, los trabajadores, los empresarios, los peruanos, los políticos, sobre todo los que pretenden participar de la próxima campaña electoral, deben dejar de subestimar a Antauro Humala. No se trata solo de un xenófobo disparatado, enaltecedor de la “raza cobriza”, que usa el nombre de Andrés Avelino Cáceres para disfrazar su nacionalismo de patriotismo. No. Humala es un fascista, es un político autoritario que amenaza con poner en riesgo nuestra débil democracia, es en sí mismo un ‘fake news’. Dice lo que le gusta a la gente, por lo que es capaz de engañar a muchos.

“Este gobierno es el sexto piso del fujimorismo o del fujimontesinismo y está subordinado a Odebrecht”, sostiene, evocando lo dicho por Toledo en la campaña de 2000 sobre que él construiría el segundo piso del fujimorismo. Suena gracioso, sobre todo porque su propio hermano, al que el mismo Antauro le hizo la campaña, habría ocupado el cuarto piso.

“La derecha televisiva, la que ha recibido las lentejas de Odebrecht y antes de Montesinos, está desesperada”, afirma con la intención de desprestigiar a la prensa masiva. “La vacancia va a garantizar que no haya fraude”, les asegura a las pobres mentes que lo escuchan. Y obviando que él es un asesino, acusa siempre a todos los que no están con él de corruptos, inmorales y maricones.

“Los soldados no hacen caso a los generales de los mandiles rosados”, ordena que debe decir el slogan de los carteles que los etnocaceristas deberán pasear mientras “realizan acciones democráticas en la calle” a favor de su libertad. Como se aprecia, no solo miente. Esta frase, aunque corta, contiene dos taras y un delito: refiere homofobia y machismo, cuando evoca despectivamente los mandiles rosados que en una campaña contra el feminicidio usaron algunos militares de alto rango, pero sobre todo reitera su vocación y conducta sediciosa cuando vuelve a llamar a las tropas de las FF.AA. del Perú a una insurrección.

Las huestes de Humala están en constante comunicación con él, las autoridades del INPE dicen que no pueden hacer nada porque son los congresistas los que lo permiten. ¿Y las autoridades judiciales? ¿Acaso llamar a los soldados a la desobediencia no es un delito contra el orden constitucional?

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