Lo que piden los electores versus lo que necesitamos
Lo que piden los electores versus lo que necesitamos

La segunda vuelta nos presenta dos visiones de país muy diferentes, una basada en el estatismo y la otra en una economía social de mercado más cercana al capitalismo popular. Las encuestas indican que los electores desean un gobierno que mejor resuelva estos cinco problemas: la pandemia, la corrupción, la pobreza, la delincuencia y el desempleo. Ganará quien convenza al electorado de que su plan de gobierno los resolverá más rápidamente.

Sorprende que las preferencias estén a favor de Castillo, que no tiene un equipo, con un plan heredado que no menciona la pandemia, que es estatista y antiempresa privada; por lo tanto, muy nocivo para generar empleo y aumentar el bienestar; y que solo presenta generalidades en cuanto a la lucha contra la delincuencia. Parecería fácil convencer al electorado de que su receta solo trae miseria y desempleo, como en Venezuela, pero dicho mensaje no llega todavía.

Es lógico que el día a día sea lo que más preocupa al elector, pero los problemas más graves del país son otros y solo se resolverían con una reforma política y del Estado, que lamentablemente no están en agenda. Dejaría huella quien resuelva estas inquietudes cotidianas, pero que también logre implementar una reforma política que resulte en gobiernos fuertes y congresistas mayoritariamente capaces y honestos, y una reforma del Estado para hacerlo más eficiente, que reduzca la corrupción y la excesiva regulación, provea servicios públicos de calidad, flexibilice la legislación laboral para promover el empleo, y promueva mejoras de productividad y la formalización del país. No son retos menores.

Solo así saldremos de este círculo vicioso de malos representantes, gobiernos y funcionarios que no permiten desarrollarnos. Así lograríamos un mejor país en el marco de un capitalismo popular, ya existente, compuesto por millones de emprendedores de todo tamaño que existen gracias al libre mercado, a la propiedad privada y a las libertades individuales.

El gran reto es cómo convencer a la población de que no es necesario tirar por la borda el modelo económico, sino solo hacerle ajustes. Hacer notar que no requerimos más Estado, sino que sea más eficiente, libre de corrupción y con funcionarios al servicio de la gente y no de sus bolsillos. Que necesitamos menos regulación, mayor libertad para hacer empresa y generar empleos dignos para los trabajadores y facilitar la formalización de la economía dentro de un marco de protección del medio ambiente y de las poblaciones más vulnerables.

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