(Foto: Palacio de Gobierno)
(Foto: Palacio de Gobierno)

Los gremios empresariales peruanos, casi todos, han expresado ya su saludo al presidente electo Pedro Castillo. La ocasión les ha permitido, no obstante, exponer las prioridades del país en las circunstancias que estamos viviendo. Es decir, mantener o acelerar el ritmo del proceso de vacunación, impulsar la reactivación económica y dar mensajes claros de estabilidad política para promover la inversión privada que el país necesita con urgencia para salir del hoyo en el que lo ha sumido la pandemia.

La Confiep fue más allá y señaló que las transformaciones estructurales planean hacer se pueden realizar sin necesidad de salirse del marco constitucional vigente, pues la actual Carta Magna ofrece ya las rutas y mecanismos para realizar esos cambios. Moody’s, la prestigiosa agencia calificadora de riesgo, manifestó también una preocupación en el mismo sentido.

Como dice la conseja popular, una cosa es con guitarra y otra con cajón. El nuevo mandatario debe dejar a un lado las bravatas que pusieron los pelos de punta al empresariado durante la campaña y acoger el diagnóstico y las recomendaciones de los técnicos, los agentes económicos y el empresariado, pues la única manera de sacar el barco del encallamiento es a través de la inversión privada. Y, como sabemos, estos capitales, nacionales o extranjeros, solo fluyen si la credibilidad del Gobierno se mantiene y genera confianza.

De lo contrario, el Perú correría el riesgo de repetir los ciclos de debacle económica del pasado, que las políticas de este siglo XXI parecían haber enterrado para siempre. Esperemos que el nuevo Gobierno no se deje llevar por los cantos de sirena del desfasado populismo marxista que predican Cerrón y sus seguidores.

Si Castillo de verdad busca un país más justo y, en el bicentenario de su independencia, enrumbarlo hacia un “verdadero desarrollo, garantizando la estabilidad jurídica y económica”, como ha dicho, tendrá que contar con el apoyo de todos los estamentos de la sociedad: trabajadores, artesanos, estudiantes, tecnócratas, comerciantes, inversionistas y empresarios. Pasadas las crispaciones de la campaña, es hora de volver a la realpolitik y concentrarse en dinamizar la inversión privada para que la reactivación pospandemia incluya a todos los peruanos.

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