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Fritz Du Bois,La opinión del directordirector@peru21.com

En realidad, con el crecimiento de la economía de los últimos años, la torta en las administraciones municipalidades y regionales se ha volteado. De tener que lidiar con una pobreza total sin recursos para pagar siquiera el teléfono, muchos han pasado a tener excedentes bien altos. Por lo que el controlar esos presupuestos se ha vuelto un bocado muy apreciado.

Incluso, ante la debilidad institucional y la poca capacidad de fiscalización que tiene el Estado, la corrupción se ha extendido de un modo casi generalizado. Hoy son pocos los gobiernos regionales que no son cuestionados por la manera poco transparente con la que manejan sus gastos. Mientras que es difícil encontrar un distrito en la capital en el cual no sea evidente el desperdicio de recursos públicos en proyectos innecesarios cuyo costo está de seguro inflado.

Más aún, las señales delincuenciales salen a diario. En esta edición reportamos el asesinato de una testigo del atentado a un consejero regional; hace poco, un regidor denunció que el alcalde lo amenazó con matarlo, y es relativamente frecuente reportar en el interior acerca de alcaldes asesinados por quienes serían sus reemplazos. Sin duda, el botín es tan apetitoso que están dispuestos a matar para echarle mano.

Por ello, estando a poco más de un año del próximo periodo electoral, la Contraloría debería ponerse las pilas para tratar de identificar el mayor número de casos de malos manejos a nivel regional y municipal para, al menos, abrirle los ojos al electorado.