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arielsegal@hotmail.com

Te escribo a sabiendas de que, si un texto de esta clase llegara a tus manos en tu estrecha cárcel de Ramo Verde, tus custodios cumplirían una orden superior para vejarte mucho más de lo que ya hacen los esbirros de Maduro y sus jefes de Cuba. Ya lo sabemos, pues apenas tu esposa Lilian Tintori regresó a Caracas de una reunión con el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, un grupo de encapuchados fue enviado a vengar el asunto y, gracias a las redes sociales, ella anunció a tiempo al mundo que Leopoldo López estaba en peligro, quizá, evitando una tragedia. Ya se sabe que te tienen en condiciones de tortura, al igual que a varios estudiantes aún presos.

El régimen te somete a un juicio por promover las protestas pacíficas de febrero de 2014, cuando paradójicamente quienes te inculpan –a través de sus fuerzas de represión y de grupos paramilitares– son los principales responsables de las 43 muertes ocurridas durante esos eventos. En un año no han logrado mostrar una sola prueba contundente que demuestre tu culpabilidad y un tribunal de la Organización de Naciones Unidas (ONU) determinó que tu detención fue arbitraria y debes ser liberado. Recientemente el vicepresidente Jorge Arreaza, en un desliz, admitió que eres un "preso político".

No sé si hiciste bien en entregarte a un régimen que ha aprendido de sus asesores cubanos a maltratar disidentes, y si en tu actitud principista pensaste que te tratarían como al ex reo Hugo Chávez, quien se jactó siempre de liderar un golpe militar, y creíste, erróneamente, que te tratarían con las mismas garantías democráticas.

Sin embargo, Leopoldo, a un año de tu soledad, me adhiero a quienes te admiran por tu resistencia y coherencia.