"En el caso del populismo congresal, este puede terminar hipotecando nuestro futuro económico y tirando por la borda tres décadas de crecimiento de la producción y empleo, y de reducción de pobreza". (Foto. Congreso)
"En el caso del populismo congresal, este puede terminar hipotecando nuestro futuro económico y tirando por la borda tres décadas de crecimiento de la producción y empleo, y de reducción de pobreza". (Foto. Congreso)

En el Perú no estamos siendo azotados por una, sino por tres plagas: el COVID-19, la inoperancia estatal y el populismo congresal. Es evidente que la primera de ellas ha sido la más nociva en términos de pérdidas de vidas humanas, y que el virus sigue creciendo sin control en el país, pero las otras dos también están haciendo mucho daño. En el caso del populismo congresal, este puede terminar hipotecando nuestro futuro económico y tirando por la borda tres décadas de crecimiento de la producción y empleo, y de reducción de pobreza.

La pandemia desnudó serios problemas en la capacidad de gestión de nuestro Estado en todos sus estamentos. Fuimos incapaces de apoyar a las familias y empresas a tiempo, de fortalecer expeditivamente nuestra capacidad hospitalaria y de reabrir las actividades productivas cuando era evidente el daño que se estaba haciendo a nuestra economía. Se cometieron errores y no se aprecia nuevas ideas para reactivar la economía o controlar los contagios, más allá de poner la esperanza en las vacunas. Tampoco se nota progreso en la inversión pública.

En cuanto al Congreso, en los últimos meses se han discutido o aprobado una serie de normas sin ningún análisis técnico y sin considerar si tienen sustento constitucional. Entre ellas cabe mencionar las leyes sobre la prohibición de peajes o sobre el acaparamiento y especulación, los proyectos de ley para retirar fondos de la ONP como si no se tratara de un sistema de reparto, el retiro de fondos de las AFP, la condonación de deudas en el sistema financiero, controles de precios, las limitaciones a las formas de enseñanza y cobros de las instituciones educativas privadas, o a la independencia de los reguladores de servicios públicos.

El Gobierno tampoco ha sido muy eficaz en su relación con el Congreso y solo ha planteado una demanda de inconstitucionalidad en una de ellas y trata de evitar la aprobación de otras ofreciendo más bonos y subsidios a rajatabla. Se debe intentar controlar estas iniciativas de ley muy dañinas buscando un mejor diálogo con los congresistas, planteando posturas más firmes y proponiendo medidas concretas conjuntas para promover el empleo y reactivar la inversión, en vez de continuar tratando de apaciguar estas iniciativas soltando más dinero, lo que solo contribuirá a socavar nuestra fortaleza fiscal y afectará nuestro crecimiento en los próximos años. ¿Será posible mitigar el daño de estas tres plagas en los próximos meses?

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