Las palabras y el viento
Las palabras y el viento

La Proclama Ciudadana: Juramento por la Democracia ha conseguido en pocos días miles de adhesiones. El documento (que se puede consultar y firmar en ) sintetiza 12 elementos mínimos para asegurar la democracia en el Perú y fue impulsado por Transparencia, Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú, Conferencia Episcopal y Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Al escribir estas líneas, son ya más de 17 mil los suscriptores. Entre ellos, dos claves: Keiko Fujimori y Pedro Castillo.

Se lee: continuar con la vacunación y estrategia científica para enfrentar la pandemia, respetar y defender los derechos humanos, observar el calendario electoral sin buscar reelecciones, no intervenir en otros poderes y órganos constitucionales (BCR, Defensoría, TC, etc.), respetar a la prensa y libertad de expresión, promover la lucha anticorrupción, y más. Postulados todos de inventario mínimo que serían absurdamente obvios e innecesarios si no fuera por el riesgo real que enfrentamos.

Dadas las trayectorias, entornos, planes y discursos de los candidatos, ¿peca de ingenua la sociedad civil por impulsar un compromiso por la democracia? No. Bueno, depende.

Su inclusión en la segunda vuelta es en sí misma positiva. Según los últimos sondeos, un sector importante de la ciudadanía rechaza a ambos candidatos o duda, y otro igualmente significativo aún puede variar su voto. La Proclama ofrece un marco de referencia con el cual prensa y ciudadanía pueden contrastar actos y exigir evidencia a los candidatos, a sus virtuales congresistas y a sus bancadas en funciones (en el caso de Fujimori). Además, el documento nos recuerda algunos principios que debemos estar dispuestos a defender.

No obstante, si se piensa que se llegó a destino, sí nos encontramos ante una candidez de considerables proporciones. La firma por sí sola no produce garantías o conjura los riesgos. Es necesario vigilar, cuestionar, exigir y lograr más. De lo contrario, seguramente terminaremos recordando, a partir de 28 de julio, que a los papeles, al igual que las palabras, se los lleva el viento.

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