Las olvidadas
Las olvidadas

-Leía el otro día que el empleo se ha desplomado 70% en el sector de ayuda doméstica. Seguramente la brutal disminución en los ingresos que ha generado el COVID-19 ha obligado a muchos hogares a prescindir de estos empleados. A eso se le debe sumar la imposibilidad de una inmovilidad en casa que muchos empleadores les pedían, el miedo a que en las salidas traigan los contagios y el hecho de que hacer solos las labores domésticas se ha vuelto ya parte de la rutina de los confinados. La cereza de la torta ha sido esa irreal ley dada por el Congreso, que ha vuelto mucho más caro (sueldo mínimo, CTS, dos gratificaciones, un mes pagado de vacaciones, etc.) y engorroso (¡registrar contrato en el MinTra!) contratar en este rubro. Toda una tragedia laboral para un sector mayoritariamente femenino, no cualificado y sin recursos. Pero aquí sí no escucho a Sigrid Bazán, Carmen Omonte, Rocío SS, Marisa Glave o Indira Huilca buscando una salida a este inmenso problema. Se podría flexibilizar –o suspender temporalmente– una ley incumplible para la mayoría, subsidiar parte del ingreso, descontar IR a cambio de recontratar, darles preferencia en la vacunación, facilitarles pruebas de descarte... Estas rojas solo son buenas para la demagogia poética.

-Voy a extrañar a mi vecinito, que me daba tanto material diario para zarandearlo con su ingenuo, pesado y romántico idealismo “progre millennial”. Y no creo que sea un tipo deshonesto: era imposible de que no se haya percatado de esa extraña explosión de dinero en la campaña de Villarán, pero de allí a que sea corrupto me es inverosímil. Camarada, ese es el problema cuando tan entusiastamente aplaudes excesos legales contra otros: cualquier día te pueden hacer lo mismo a ti. Paco Igartua decía que le hubieran confiscado su imprenta ItalPerú le había hecho arrepentirse de haber apoyado la reforma agraria velasquista.

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