(Getty/Referencial)
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El Poder Ejecutivo, el Congreso de la República y el Poder Judicial están infiltrados por gente corrupta. Y lo mismo sucede en las Fuerzas Armadas y policiales.

Sin embargo, no todos los servidores públicos son corruptos. Hay muchos funcionarios honestos, serviciales y eficientes que merecen nuestro máximo reconocimiento y gratitud.

El tema es que ellos no son el problema. El problema son los corruptos. Principalmente, los coimeros. Aunque la corrupción tiene también otras manifestaciones. El tráfico de influencias. Las extorsiones, fraudes y malversaciones. ¿Y qué decir del compadrazgo, nepotismo e impunidad?

Pero lo peor es lo que la corrupción trae consigo. Narcotráfico, lavado de activos, trata de personas, crimen organizado… ¡Y qué terrible que jueces, congresistas y autoridades gubernamentales estén metidos en la telaraña!

Pero, ¿de dónde salieron esos personajes? ¿En qué momento se troncharon? ¿Son peruanos?

Las cosas claras y el chocolate espeso. Los audios de la vergüenza deshilvanaron la madeja. Y el hilo nos llevó a las “universidades” –entre comillas– que aparecieron por aquí y por allá, en los últimos años. Aquellas que no tienen nada de universidades y –sí– mucho de tesorerías soterradas de políticos recontracuestionados.

Veamos el siguiente puñado de “universidades” –siempre entre comillas– y sus respectivos mentores: la Vallejo – César Acuña, la Alas – Joaquín Ramírez, la San Juan Bautista – José Luis Elías, la Garcilaso – Luis Cervantes Liñán, la Telesup – Pepe Luna Gálvez. He ahí el origen de la telaraña de la corrupción política en nuestro país.

Las revelaciones acerca de las injerencias de Cervantes Liñán en el Poder Judicial y el Congreso de la República fueron groseras. Y qué decir de la relación entre Luna Gálvez y la Oficina Nacional de Procesos Electorales.

Guido Aguila –exmiembro del Consejo Nacional de la Magistratura– era nada menos que el fundador de la Escuela de Altos Estudios Jurídicos (Egacal), donde se impartían ‘tips’ para los exámenes de jueces y fiscales.

Un consejo a los jóvenes del Perú. Y en especial a los alumnos de las “universidades” antes aludidas. No sigan el mal ejemplo de los corruptos. Sigan el ejemplo del gran Vallejo… no el de Acuña. Lean a Garcilaso de la Vega… pero aléjense de Cervantes Liñán. Y –por favor– no confundan a San Juan Bautista… con José Luis Elías.

Manco Cápac, Pachacútec, Túpac Amaru, Grau, Bolognesi, Quiñones, Basadre, Belaunde, Haya de la Torre, Barrantes Lingán… a ellos hay que emular.


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