Premier Guido Bellido acudió con ronderos a actividad en Cusco. (Presidencia)
Premier Guido Bellido acudió con ronderos a actividad en Cusco. (Presidencia)

No pasaría de una pintoresca estampa protagonizada por un estrafalario caudillo regional pretendiéndose estrella de western, pero, tratándose del premier Guido Bellido, la escena cobra inquietante simbolismo. En una visita a la comunidad cusqueña de Colquemarca, realizada el último domingo, el primer ministro prefirió hacerse acompañar no del habitual contingente de la Policía Nacional, sino de un grupo de ronderos campesinos, como proclamó, muy ufano, en un tuit.

El desaire a las fuerzas de seguridad del país fue manifiesto y sorprende que el propio ministro del Interior, Juan Carrasco, pese a haber defendido el Estado de derecho como fiscal hasta hace poco, no se inmute por el incumplimiento de las leyes, ya que la protección de los mandatarios es responsabilidad de la Policía y su División de Seguridad del Estado y, por ende, del Ministerio del Interior.

No obstante, más grave que la coboyada del ministro, ha sido, como hemos dicho, el significado que encierra el gesto. En el ideario de Perú Libre está escrito con claridad que uno de sus objetivos es el fortalecimiento de las rondas campesinas, e incluso las rondas urbanas, como se anunció en el discurso presidencial.

Si bien existe una ley de rondas campesinas, en ella solo se reconoce la existencia de estos grupos en torno a sus respectivas comunidades y como apoyo en la solución de conflictos. En modo alguno los ronderos están autorizados y menos capacitados para dar seguridad a funcionarios de alto rango. Pero que no sorprenda a nadie que estos colectivos comiencen a aumentar su protagonismo en torno al gobierno de Castillo, que no parece sentirse cómodo con tanto efectivo policial y militar a su alrededor (y no les falta razón, si tenemos en cuenta la pesada carga de denuncias, investigaciones y sentencias judiciales que arrastran los miembros más conspicuos de Perú Libre y del nuevo gabinete ministerial).

La idea de montar una suerte de milicia civil paralela a la oficial no es nueva. En Cuba, Venezuela y Bolivia, son de uso común para hostigar a los enemigos del gobierno. Los peruanos deberían verse en ese espejo y mantenerse alertas con lo que a todas luces constituye una amenaza a la seguridad nacional y al orden democrático. Estas rondas no son ningún juego; al contrario, son violentas y castigan a los campesinos con golpes y latigazos, pero lo peor es que vienen con lobo incluido.