(Congreso)
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Las bancadas electas empezaron ya los tanteos y conversaciones con miras a la conformación de la Mesa Directiva del próximo Parlamento. Algunas de ellas coinciden en que esta debería quedar en manos de la oposición para garantizar así un adecuado equilibrio de poderes.

Una propuesta que no resulta descabellada si lo que se pretende es encauzar el gobierno por las vías de la institucionalidad democrática y la cooperación interpoderes. Pero quién sabe si, por ello mismo, como repiten las malas lenguas, esta idea no parece cuadrarle nada a la neonata bancada oficialista, pese a que ha sido una práctica habitual cada vez que se ha instalado un nuevo Congreso, al menos en una primera instancia.

Sea como fuese, lo cierto es que la Mesa Directiva debería ser lo suficientemente plural y representativa para evitar posturas genuflexas o de comparsa que pudieran secundar eventuales atropellos provenientes del Ejecutivo. Es una tradición política que refuerza y valida el sistema democrático.

Quedan todavía tres semanas para que las bancadas arriben a algún tipo de acuerdo, que ciertamente tendrá que ver también con la negociación de las comisiones parlamentarias, ya que las más preciadas entrarán, a no dudarlo, en el toma y daca.

Es cierto que en el pasado reciente los enfrentamientos entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo llegaron a niveles casi paroxísticos, pero no siempre tiene que ser así. El contrapunto y el diálogo entre poderes es fundamental para asegurar la salud del estado de derecho en el país. Con mayor razón si se ha pasado por un proceso electoral que, amén de una serie de cuestionamientos, ha polarizado a la ciudadanía.

Si para encabezar el Congreso se elige una Mesa Directiva oficialista, sumisa al Ejecutivo, se le estará haciendo un flaco favor a nuestra democracia, en circunstancias en que la fiscalización parlamentaria será más urgente que nunca para el Perú.


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