Un efectivo policial se preparar para tratar a un posible infectado. (GEC)
Un efectivo policial se preparar para tratar a un posible infectado. (GEC)

Tenemos que sacarle provecho a lo que estamos viviendo. Si no lo hacemos seríamos unos idiotas. Efectivamente, la experiencia de la pandemia es de tal intensidad que tenemos que tomarla en cuenta para nuestra propia supervivencia como individuos… y como nación.

La sabiduría es un don que se desarrolla con inteligencia sobre la base de la experiencia vivida. De ella logramos conclusiones que nos permiten entender y reflexionar acerca de la verdad, lo bueno y lo malo.

En efecto, el virus de marras nos está diciendo lo que hicimos bien y lo que hicimos mal. Más aún… nos está diciendo la verdad. Recordemos: no hay mal que por bien no venga.

¿Qué hicimos bien? El manejo macroeconómico… por ejemplo. Claro que hay los amargados de siempre que jamás lo reconocerán. Pero… ¿para qué hacerles caso? Así que sigamos. Relaciones exteriores, comercio exterior y turismo, fruticultura y horticultura de exportación, gastronomía… ¡Claro que hemos hecho bien muchas cosas! Incluso, yo agregaría Gamarra. Sí, el emporio industrial y comercial de Gamarra es un éxito de muchos emprendedores provincianos del Perú.

¿Qué hicimos mal? Vivienda, por ejemplo. Agua y desagüe. ¡1’600,000 familias no tienen vivienda… y menos agua y desagüe! Recojo de basura y tratamiento de residuos sólidos. ¡Nuestras calles están llenas de basura y la contaminación ambiental está terrible! Salud… ¡vaya que hemos hecho mal las cosas en salud pública! Seguridad ciudadana… ¡qué mal estamos en ello! Informalidad… la pandemia lo dijo con toda claridad. ¡Somos brutalmente informales!

El virus nos está diciendo a gritos que la corrupción nos está matando… y que la inoperancia del Estado también. De ahí la propuesta de replicar el éxito del Banco Central de Reserva (BCR) en las demás instituciones públicas. ¡No al clientelismo político porque de allí nace la corrupción! ¡Sí a la carrera pública y a la meritocracia!

Vivienda, agua, basura, salud, seguridad… todo tiene que manejarse desde instituciones autónomas, independientes de las alternancias ministeriales, regionales y locales.

Y para formalizar a los informales… simplifiquemos y digitalicemos los trámites burocráticos, flexibilicemos la legislación laboral, capacitemos a los micro y pequeños empresarios, fomentemos la competencia para que los bancos bajen las tasas de interés, bajemos el IGV y utilicémoslo para incluir a los informales en los sistemas de salud ocupacional y de pensiones.

Repito. La pandemia nos está hablando. Incluso, nos está gritando. ¡Hagámosle caso!