Liberar al sector privado para contratar y distribuir vacunas podría aliviar al Estado, señala el columnista.
Liberar al sector privado para contratar y distribuir vacunas podría aliviar al Estado, señala el columnista.

El proceso de adquisición masiva de vacunas contra el COVID-19 era complejo y riesgoso. Sin embargo, una gestión eficiente del Estado podía y debía enfrentarlo con éxito. Vizcarra coronó su ineptitud y desidia cuando en noviembre no tenía aseguradas las vacunas para el Perú.

Los países que ya comenzaron a vacunar y que se inmunizarán el 2021 son aquellos que a tiempo planificaron las adquisiciones, firmaron contratos de compra, adelantaron dinero, es decir aquellos que gestionaron y asumieron los riesgos.

A mediados del año pasado ya se vislumbraban los laboratorios en fase de pruebas con posibilidades de éxito. (Astra Zeneca, Pfizer, Moderna, Johnson & Johnson, Sinopharm (China) y Gamaleya (Rusia).

Desde entonces, países y sector privado comenzaron a negociar y en setiembre la mayor parte de Latam ya tenía el tema asegurado, no así Perú.

Según The Economist, recién completaríamos la vacunación hacia fines del 2022.

Al inicio de la pandemia la Sra. Merkel con notable transparencia y crudeza dijo que para lograr la inmunidad de rebaño tendría que contagiarse (o vacunarse) el 70% de la población.

En el Perú eso equivaldría a que se vacunaran (o enfermaran) 22 millones de personas, lo que en el extremo implicaría cerca de un millón de fallecidos. (hoy el Estado reconoce 1 millón de contagiados y 45,000 decesos)

¡Entonces, debemos ir con todo! ¡Todos! Asegurar 22 millones de vacunas hoy y ahora.

Liberar al sector privado para contratar y distribuir podría aliviar al Estado de gestionar por lo menos 4 millones de dosis (20% de los gastos) lo que aceleraría la inmunización, reduciendo infectados, se salvarían miles de vidas y se evitarían meses de cuarentena y de bancarrotas.