La Junta Nacional de Justicia y una lección del pasado. (Foto: GEC)
La Junta Nacional de Justicia y una lección del pasado. (Foto: GEC)

La JNJ inició sus funciones con bríos. A menos de dos meses de instalada, ha abierto procedimiento disciplinario a más de un centenar de jueces y fiscales, incluidos los presuntamente involucrados en Los Cuellos Blancos. Ello puede terminar en su destitución del cargo. Pero el esfuerzo urgente y fundamental por sanear al sistema de justicia no debe hacernos olvidar las lecciones del pasado. Una importante es que lo que se hace mal se termina dejando sin efecto.

Para no trabajar en vano, la JNJ debe alinearse a los estándares interamericanos sobre independencia de las y los operadores de justicia. Esto es, seguir principios consolidados sobre cómo se hacen las cosas bien, sin afectar derechos. Entre otros aspectos, respetar el debido procedimiento: que la conducta haya sido previamente contemplada como falta, que se siga el trámite previsto, que se permita la defensa, que la decisión tenga una debida fundamentación, que la eventual sanción sea proporcional, etc.

Todas estas son garantías universales que emanan de la dignidad de las personas. Y, en términos prácticos, los parámetros con los que se revisarán los actos de la JNJ en sede interna e internacional.

En 2002, el órgano en el que se depositaban las esperanzas de moralizar el podrido sistema de justicia que el fujimorato legó al país, decidió no ratificar y sacar del puesto a un fiscal superior.

Este había ocupado cargos importantes en la Fiscalía durante la gestión de Blanca Nélida Colán. Pero el CNM omitió algo importante: no motivó su decisión. Ello permitió que la medida fuera cuestionada con éxito e, indemnización de por medio, el magistrado fue repuesto en el año 2007. Ese fiscal se llamaba Pedro Chávarry.