(Facebook: Guillermo Bermejo)
(Facebook: Guillermo Bermejo)

“Somos socialistas y nuestro camino de nueva Constitución es un primer paso y nosotros, si tomamos el poder, no lo vamos a dejar”.

Si alguien tenía dudas de las intenciones de Perú Libre, las palabras de Guillermo Bermejo, congresista electo por ese partido y a quien la fiscalía sindica como miembro activo de Sendero Luminoso, no pueden resultar más rotundas. El plan, una vez instalados en la presidencia de la República, es atornillarse, sea por las buenas o por las malas.

En las filas de Vladimir Cerrón están seguros de que la convocatoria a una Asamblea Constituyente –su prioridad número uno– será la vía para instaurar su denominada “revolución”, que, como la historia registra, solo llevó hambre, escacez y miseria a todos aquellos países donde se impusieron políticas expropiadoras, autoritarias y estatistas.

Lo de este acusado de terrorismo es sumamente grave, pues se trata de una amenaza abierta a la democracia peruana y a las instituciones que la sustentan. Pero en su ‘descargo’ podría agregarse que no está solo en su prédica, en Perú Libre no son pocos los activistas y dirigentes que repiten el mismo discurso, que, por otra parte, se infiere también de su ideario político, escrito, como se sabe, por el propio Cerrón. Guillermo Bermejo es quizás, únicamente, más deslenguado y basto cuando se trata de difundir las proclamas totalitarias de su partido.

No olvidemos que la “estrategia Constituyente” ha merecido asimismo el apoyo entusiasta del Movadef y de una connotada cabecilla de las hordas senderistas que todavía deambulan por el Vraem.

De ahí que el propio candidato Pedro Castillo y sus adláteres estén tardado tanto en dar explicaciones al país sobre las afirmaciones de su correligionario, mientras continúan anunciando en su campaña que se tumbará a cuanto organismo del Estado (si antes fue el Tribunal Constitucional, la Sunedu y otros, ayer fue el turno de Pronis, Pronied y Provías) se interponga en su camino.

Los peruanos estamos advertidos. Cada día que pasa es más evidente que en los planes de Castillo y Cerrón hay una coherencia antidemocrática que la improvisación constante, entre plaza y plaza, no puede disimular.