notitle
notitle

El sábado 18 de marzo, el presidente Kuczynski sostuvo en un programa de América TV que estaban estudiando "crear una especie de zar de la reconstrucción". Así, textual. Tanto, que a los pocos segundos acotó que no le gustaba el término "zar", pero que la idea era encargarle a una persona la tarea de reconstrucción, con plenos poderes y que unifique a la administración detrás de él. Adelantó, además, que ya tenían un perfil: "el zar que estamos pensando nombrar es del sector público".

Siete días después nos encontramos al presidente Kuczynski negando lo que dijo. En entrevista con la BBC, el mandatario sostuvo que no habría "ningún zar de la reconstrucción" (sic), para rematar con un señalamiento, por decir lo menos, inadecuado: "eso es una idea de alguna gente en los medios".A ver, vayamos por partes. Primero, no hay duda de que la idea partió del presidente; si la idea es buena, mala o regular, si la discutieron o no, si le aconsejaron para un lado u otro, lo cierto es que quien puso sobre la mesa la idea fue él.

Pero lo segundo es peor. Uno puede plantear cualquier idea y dar marcha atrás; es lo que hacen las personas inteligentes cuando erran: explican por qué es mejor seguir otro camino, con lo cual tranquilizan (demuestran que el cambio es producto de una reflexión) y manifiestan capacidad de enmienda. En este caso, el mandatario prefirió pasarle la pelota a los medios. ¿Y por qué o para qué? ¿La idea es deslegitimarlos? ¿Son los medios productores naturales de fábulas? ¿O es que no le gustaron algunas críticas o reflexiones?

Estratégicamente, por cierto, fue una muy mala salida la del presidente Kuczynski; al pueblo no le disgustan los excéntricos (recuerden a Chávez), pero sí los que van y vienen (demuestran inestabilidad y socavan su credibilidad); peor aun cuando no quieren acarrear la responsabilidad de sus dichos y actos. Cuidado con el perfil que se va creando.