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¡Hasta que por fin alguien lo dijo! "Basta de eufemismos, Venezuela no es una democracia", señaló ayer el presidente argentino, Mauricio Macri, y vaya que no le falta razón. Claro, ya saldrá algún representante de la dictadura chavista a rasgarse las vestiduras, pero lo cierto es que hace mucho que Venezuela dejó de ser una democracia.

Identificar al régimen de Maduro como lo que es, uno donde no se respetan los derechos humanos y las libertades fundamentales, es el primer paso en el camino correcto. A Macri, por cierto, dicha identificación le sirve por partida doble: por un lado, pone los puntos sobre las íes cuando se refiere a la tragedia venezolana, pero por el otro, identifica al aliado del régimen kirchnerista, uno que se manejó bajo los mismos principios y objetivos.

Lo de Venezuela no da para más y muchos creen que falta poco para que el sistema se quiebre y dé paso a un nuevo orden. Lamentablemente, hay tantos ejercicios positivos como negativos. Peor aun, el régimen chavista se estructuró bajo el auspicio y la estrategia de los hermanos Castro, tal vez los dictadores más 'exitosos' del siglo XX. Por ello, la tragedia que viven millones de venezolanos puede, por duro que suene, durar muchos años más.

¿De qué depende el cambio? De una serie de factores. Para empezar, la unión de la oposición; la búsqueda de un líder que pueda unificar los distintos deseos de las fuerzas democráticas. Luego está la cúpula militar, el acceso a recursos y las expectativas que la misma tenga sobre su futuro. Los ejercicios dictatoriales (y autocráticos) en la región terminaron con muchos militares tras las rejas; si la cúpula militar ve su futuro en riesgo, es evidente que buscarán la protección de la dictadura y seguirán brindando su apoyo.

Finalmente, están las posturas internacionales, y por ello es importante la declaración de Macri. Pronto el régimen chavista tratará de estigmatizarlos. Y ahí, nuestro país tiene una deuda pendiente con los venezolanos: no los dejemos solos.