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Ayer, en "Mienten, de nuevo", hablábamos de aquellos que hoy se hacen los sorprendidos ante tanta evidencia de la pareja Humala-Heredia. Mencionamos, en dicha columna, esa gran hipocresía de arquear hoy las cejas mientras se beneficiaron, durante estos cinco años, de prebendas de todo tipo. Pero, como me dice un lector, si la vida es justa, no solo pagarían judicialmente los Humala-Heredia y sus compinches, sino también todo ese sindicato de cómplices que le facilitó la vida a la parejita, no solo para llegar al poder, sino para gobernar, poniendo los intereses del país y sus recursos a disposición.

Sería lo justo, ¿verdad? Digo, cuando una banda asalta un banco, no solo se castiga a quienes pusieron el revólver en la cara del cajero, sino también al que maneja el vehículo y provee el refugio. Pero si fuésemos más justos, habría que castigar al que provee las armas, al que apoya en la coartada y así.

De igual forma, lo que hizo ese sindicato fue nauseabundo. Pusieron a su disposición medios y columnistas (muchos de ellos, por cierto, aún siguen enganchados en la dinámica), jueces y fiscales, personajes políticos y académicos, y así. Y lo hicieron con una mueca, pero a sabiendas de lo que hacían. Las pasiones "anti" fueron más fuertes que los valores que dicen defender.

Casualmente, muchos de esos personajes y medios (o sea, buena parte del sindicato) acompañaron al actual partido oficialista a llegar al poder. ¿Habla mal del presidente y de su gabinete? No necesariamente. Pero sí debería fungir de señal de alerta ante sus consejos y, sobre todo, sus confabulaciones: estos "antis" personifican el refrán "para un martillo todos son clavos". Para ellos, todo pasa por cómo infligir el mayor daño posible a sus enemigos políticos, pero, para el gobierno, la clave de una buena gestión pasa por pensar en pro de objetivos concretos para los ciudadanos, no por las vendettas políticas de este sindicato.