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Desde el punto más alto, allá por setiembre de 2016, la popularidad del presidente Pedro P. Kuczynski ha bajado entre 25 y 30 puntos, según distintas encuestas. En la última de GfK, solo en el último mes, cae 11 puntos (hasta el 35%). Es una caída importante y preocupante, pues un mandatario que no cuenta con una bancada fuerte o con un equipo tecnopolítico experimentado, y que no logra formar una coalición importante, necesita de un sostén popular para sobrevivir.

Si el Perú gozara de un sistema institucional desarrollado, estable, respetado, no habría problema. Lamentablemente, ya lo hemos dicho, es todo lo contrario: nuestras instituciones se mueven por intereses, miedos, odios y un penoso etcétera.

¿Qué explica esta caída abrupta de popularidad? Un popurrí de razones, la gran mayoría relacionadas al gobierno: desatinos, falta de reflejos, entre otros. El gobierno no puede señalar a la oposición o a los medios en esto. Dicho esto, ¿qué hacer? Lo primero es obvio: es necesario detener la caída (recuperar, a estas alturas, es un sueño). Para ello hay que mapear bien las desavenencias ciudadanas, la mayoría de ellas identificadas en sendos estudios de opinión pública. Encontrarán tres temas principales: economía (ingresos y expectativas), inseguridad y corrupción. Cómo se asume cada uno de estos temas, y en qué orden, dependerá de los estrategas (si los hubiese) en Palacio.

También están los temas de orden inmediato (Odebrecht, Chinchero, etcétera). Pero, sobre todo, es la sensación de desorientación que proyecta el Ejecutivo.

Luego está retomar la iniciativa; para ello hay que identificar cosas mayores, establecer una estrategia de largo plazo y trabajar profesionalmente en ella.

En estos 6 meses de gobierno, el Ejecutivo ha desplegado muchas iniciativas inteligentes y útiles para el ciudadano, la gran mayoría asociadas a regulaciones, trámites, y algunas obras. Pero ellas se están perdiendo detrás de temas más urgentes (inseguridad y corrupción, para empezar), mientras los grandes capitales están esperando señales de conducción política.

Una vez más: ojalá el gobierno revise su estado, y pronto. De lo contrario, será engullido por las fuerzas oportunistas.