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Una de las políticas públicas más impulsadas por el gobierno nacionalista de Ollanta Humala fue el famoso plan de "diversificación productiva". En la mira de sus principales propulsores, la estructura económica del país se encontraba "concentrada" en los sectores primarios, sobre todo en aquellos extractivos (principalmente minería: cobre y oro).

Este tole-tole de la "reprimarización" de nuestra economía ha sido uno de los principales escollos al desarrollo de nuestro país durante los últimos tres lustros. En lugar de aprovechar el boom minero y sacarles el jugo a minerales que de otra forma seguirán ahí enquistados hasta que los cambios tecnológicos los vuelvan invalorados, nuestra izquierda ha preferido bombardearlo con regulaciones, tributos y mala leche.

Cierto, en el mundo académico la "diversificación productiva" tiene sus defensores, pero también sus enemigos. Los primeros sostienen que los Estados pueden darle un impulso al desarrollo de ciertos sectores "estratégicos"; en el caso peruano, los sectores agroindustriales, acuícolas o forestales, por ejemplo. Pero los detractores tienen también razones y, sobre todo, experiencias: por un lado, en la definición de estos sectores "estratégicos" se movilizan recursos de manera arbitraria, generando ganadores (muchas veces solo por los subsidios) y abriendo espacio a corruptelas; por otro, eso de prever el futuro suena muy bacán, pero la velocidad con la que se producen las disrupciones tecnológicas hace de dicha apuesta una muy alta, razón por la cual economistas tan importantes como Robert Barro y Xavier Sala-i-Martin sostienen que eso debe dejárseles a los empresarios, quienes tienen mejores incentivos para saber a cuáles sectores apostar (y a cuáles no).

La actual gestión puso esta apuesta (los famosos "CITES") a prueba, requiriéndole a la Onudi un examen de los mismos. Las principales conclusiones son demoledoras. No solo se ha gastado sin sentido, sino, además, de manera irresponsable (incluso transgrediendo la normativa nacional). Hay CITES que no cuentan ni con luz ni agua potable, otros que se encuentran sin infraestructura adecuada; la mayoría son solo ladrillos sin capital humano. ¿Eso era lo que entendían por innovación y desarrollo tecnológico?