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En entrevista al diario español El País, el fiscal Pablo Sánchez nos cuenta que la empresa Odebrecht ha dejado de colaborar con la justicia peruana, y así "estamos en un periodo de stand-by". Anota que la empresa fue muy abierta al principio, pero que buscaba "un trato distinto" que les permitiera seguir funcionando. No solo Sánchez anota el cambio; medios que reciben información privilegiada del fiscal Hamilton Castro apuntan en la misma línea: si la sobrevivencia de la empresa está en juego, Odebrecht jugará distinto.

El Niño costero y sus desastres le han dado un respiro a este caso de corrupción, pero no debería ser así. Como advertimos hace meses, todo apunta a que el fiscal Castro tiene como prioridad la sobrevivencia de la empresa más allá de los intereses nacionales. ¿Quién define y por qué si Castro debe apoyar la subsistencia o no de la empresa (a sabiendas de las tropelías y corruptelas que dejó a su lado)? ¿Por qué fue tan benigno el fiscal con la empresa, socios y principales funcionarios? Por ejemplo, Ray-mundo Serra, conocido operador de la empresa, fotografiado al lado de Martín Belaunde y algunos presidentes regionales con los cuales buscaban hacer negocios, sigue paseándose por Lima como si nada hubiese pasado.

Por otro lado, se equivoca el fiscal Sánchez cuando dice que la empresa estaba colaborando y que había aceptado los cargos. ¡Fue todo lo contrario! La empresa negó en reiteradas oportunidades haber cometido delitos en Perú, y tuvo que aceptar los cargos solo cuando se hizo pública la información en Estados Unidos. Obvio, hecha pública la información, pues hablar tenía sentido (si a eso se le puede llamar "colaboración"), ¿pero de quiénes habló? Mandos medios, y encima pocos. Ni un pez gordo, ni un funcionario preso. ¿Después de miles de millones de obras y coimas, eso es todo?

Odebrecht la está sacando muy, muy barata. El fiscal Sánchez se equivocó al darle tanta confianza a Castro. Ojalá la justicia internacional nos brinde la información que falta, porque aquí no pasa nada.