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A nadie puede llamarle la atención la confesión del ex directivo de Odebrecht, Jorge Barata, sobre la entrega de US$3 millones a la Sra. Heredia durante las elecciones de 2011. Por supuesto, lo que salga de la boca de dicho sujeto debe ser tamizado, a sabiendas de los intereses que la empresa mantiene en el Perú. Más aun cuando cuentan con un fiscal como Hamilton Castro que, lejos de ejercer presión sobre ellos, actúa casi como un socio estratégico.

La entrega de los US$3 millones deberá ser considerada como parte del lavado de activos de la oficina de corruptelas dentro de la empresa Odebrecht (el famoso departamento de operaciones estructuradas), con lo cual estamos ante un delito, sea cual sea el fin que después la Sra. Heredia haya decidido darle a los fondos. Si los usó en la campaña, en trapos o joyas, es su problema.

Dicho esto, quedó bastante claro que la intención del gobierno nacionalista fue levantarse al Estado en peso. Las evidencias sobran. Felizmente, ahora también contamos con pruebas. ¿O alguien puede creer que le entregaron un proyecto de US$7,000 millones a la empresa Odebrecht sin recibir nada a cambio? Un proyecto que, además, era absurdo y sobredimensionado. Nadie con un mínimo de honestidad o en su sano juicio puede suponer eso. Por ello, todos los procesos de adquisiciones (satélite, adendas de IIRSA, Talara, Línea 2, pasaportes, armas, y todo ese larguísimo listado del que venimos alertando hace 3 años) debe ser revisado (y a sus pobres defensores mediáticos, una buena dosis de barbitúricos).

Imaginamos que en las próximas horas la Sra. Heredia será puesta a buen recaudo por la justicia. La orden de captura del ex presidente Toledo fue tardía, y miren los resultados. Y como en Brasil, imaginamos que la Sra. Heredia entenderá tras las rejas que esta aventura se acabó, y que la confesión total de sus actos y compinches sería su mejor apuesta. Ese largo listado de nombres es su único atenuante.