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Una de las reformas institucionales pendientes más importantes es, sin duda, aquella de los partidos políticos. Para la mayoría de personas, algunos analistas incluidos, el objetivo central del sistema de partidos es la participación electoral; léase, ir cada tanto tiempo a competir por puestos públicos, desde alcalde hasta presidente. Pero los partidos políticos sirven para mucho más que eso.

Para empezar, coagulan las ideologías y las políticas públicas. En efecto, solo a través de un sistema de partidos se pueden organizar políticamente distintas ideologías en la competencia por las preferencias mayoritarias. Agregan, así, las diferentes maneras de entender los procesos y los objetivos de cada Estado. No solo organizan las ideas y a las personas con sus creencias, sino también establecen mística y sentido de lucha cuando sus líderes enarbolan banderas y defienden las causas incluso con sus vidas. Por ello, la vida política termina prevaleciendo, algunas veces, por encima de las exigencias familiares y laborales.

Habiendo revisado la propuesta enviada por el Ejecutivo, encuentro aspectos de reforma muy positivos y otros negativos. La propuesta parte por empuñar dos grandes reformas en el sistema: el financiamiento de los partidos y el fortalecimiento institucional de los mismos. Digamos que sobre el primero versan las mejores ideas, no así sobre el segundo.

Para empezar, debemos asumir que el fortalecimiento de los partidos políticos es una tarea que debería tomar tiempo, no un quinquenio (léase, entre una elección y otra). Esta propuesta busca facilitar la organización de partidos (bueno desde el punto de vista democrático), pero busca eliminar, por distintas causas, la existencia de otros (malo desde el objetivo que persigue la norma). En otras palabras, la propuesta contradice sus objetivos de largo plazo con los de corto plazo.

Por otro lado, hay ideas que si bien suenan muy "democratizadoras", no son pragmáticas. Elevar –de manera obligatoria– al 50% la participación de mujeres, por ejemplo. Otra, sin duda, es la exigencia de elecciones internas con un mínimo de 50% de los afiliados. Todo es mejorable, sin duda, pero vamos avanzando.