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Si bien estamos aún lejos de ver lo último de este desastre natural, podemos ir contabilizando la magnitud del reto por delante. Serán miles de kilómetros de vías por reconstruir, centenares de puentes, colegios, postas y demás entre infraestructura y servicios públicos, más allá de las desgracias familiares y empresariales (casas, pequeños negocios, etcétera).

No ha faltado entonces quien, en dicha previsión, anuncie lo positivo entre lo negativo, una suerte de ying-yang de estas desgracias: se podrá construir, por fin, infraestructura de calidad, que esté bien diseñada, que prevenga cauces, construida con fines públicos y no corruptelas, y así. Todo esto suena muy bien, por cierto. El problema es muy simple: con la precariedad institucional con la que contamos, es muy improbable que sea así. Me explico.

Durante los años de bonanza (básicamente, la década del 2000), se señaló una y otra vez la necesidad de aprovechar los beneficios económicos de cara a una mejora de las instituciones públicas: una reforma profunda del Estado, su organización y sistema de incentivos; del Poder Judicial y la administración de justicia en general; de los partidos políticos, y, por supuesto, del sistema de propiedad. Como ya sabemos, cada gobernante vio en el poder una fontana de beneficios privados, para ellos y su corte, y las reformas pasaron de lado.

Para que la futura reconstrucción, que empezará en pocos meses, no se convierta en otro despilfarro de recursos (y otra farra privada), nuestro ecosistema institucional tendría que ser distinto. Sería una contradicción lógica pretender que con estas instituciones se produzcan bienes y servicios públicos de calidad.

Cuidado entonces con las altas expectativas, incluso de aquellas que provienen de la buena fe. Estaremos, en pocos meses, a la vuelta del inicio del calendario electoral de cara al 2018, lo cual incentivará a más de uno a ofrecer el oro y el moro.

Si el gobierno ppkausa quiere, en verdad, una reconstrucción de calidad y honesta, debe mirar el ecosistema institucional. Sin ajustes en él, prevalecerán los deseos y esperanzas.