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No entiendo esta supuesta inconsistencia que plantean algunos analistas entre ser liberal o "de derecha" y preocuparse, interesarse y exigir justicia ante crímenes y flagrantes violaciones a los derechos humanos. ¿Es que acaso existe un monopolio sobre los sentimientos de justicia? Por supuesto que no, como tampoco existe un monopolio sobre las ideas de referencia en el plano económico. ¿Se imaginan si mañana la izquierda entendiera mejor el funcionamiento de los mercados y propugnaran, entonces, mejoras a nuestro marco económico a favor de la competencia? Y si ocurriera, ¿se imaginan a liberales o gente "de derecha" recriminándolos por ello? ¡Al contrario! Enhorabuena, ¡y a trabajar en dicha línea!

¿A qué responde esta rabieta? Creo que principalmente a dos cosas, entre otras: la primera, verse la cara en las mañanas y darse cuenta de que apoyaron a un (habrá que señalar "probable") asesino, que los utilizó en su aventura política y, claro, hoy no quieren sentirse responsables de ello; lo segundo, mantener bajo sus activos políticos el uso de los "derechos humanos" (en la creencia, como han manifestado, que es un activo y, por lo tanto, puede tener propiedad).

Lo primero es entendible; claro, mejor sería que dijeran "mil disculpas, apoyamos a un sujeto impresentable, nos dejamos guiar por los odios políticos". Lo segundo, sin embargo, no. Si en verdad estos analistas tuviesen como preocupación sincera los derechos humanos, pues deberían estar contentos que otros se unan a la causa. Y no, no todos lo hacen desde un punto de vista utilitario; entre liberales, los derechos humanos en disputa son a bienes y servicios (agua, trabajo, etc.), ¡no a la vida!

Por otro lado, no es cierto que asumir una campaña "anti" te obliga a mirar al costado y hacerte el desentendido con el pasado y presente de su contrincante. En las elecciones del 2011 muchos hicimos campaña contra la candidatura de Ollanta Humala sin asumir los pasivos del fujimorismo. Están los artículos y entrevistas de prueba.