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Ante las denuncias –documentadas, hay que decirlo– contra el ex presidente Alejandro Toledo, pareciera que el refugio de la pareja Toledo-Karp ha sido el viejo dicho militar "la mejor defensa es el ataque". Ayer, en sus redes sociales, le respondió al presidente Kuczynski, llamándolo lobbista y cerrando con una frase que será de antología "no me hagas hablar, porque sé lo que hiciste la última vez".

El mandatario, recordemos, se refirió a los últimos actos conocidos por la prensa y la Fiscalía sobre el affaire Toledo. "Si todo es cierto, es una gran vergüenza, una traición al Perú", le dijo temprano a la radio colombiana "W".

Las declaraciones de la Sra. Karp son inaceptables. Si la ex primera dama cuenta con alguna información que considere sensible para la justicia peruana respecto a la conducta pasada del presidente Kuczynski, su deber es denunciar ante la Fiscalía o los órganos competentes, en lugar de amenazar (o extorsionar, como prefieran) públicamente al mandatario.

Dicho esto, quien no la debe, no la teme. Si el presidente Kuczynski decide liderar la lucha contra la corrupción, pues tiene que hacerlo a sabiendas de los costos que incurrirá en la misma. Y en ello, las únicas palancas son su integridad y la tranquilidad que sobre sus actos tenga.

Asumir el liderazgo, a sabiendas de la mugre que estamos viendo y de la que estamos por observar, requiere de una entrega absoluta a la búsqueda de la verdad, caiga quien caiga, cueste lo que cueste. En esto, la imagen débil que ha proyectado hasta hoy el gobierno le jugará en contra; pero peor sería que la población perciba que la falta de decisión tiene que ver con esqueletos en el clóset más que con falta de voluntad y valentía.

Desde que se destapó el caso Odebrecht se han tejido todo tipo de teorías conspirativas sobre el mandatario, el gobierno y la corrupción. Estas declaraciones son un primer paso para disiparlas. Esperamos, por cierto, que no sean las únicas, sino le darán la razón a la Sra. Karp y sus detractores.