notitle
notitle

Uno. Para quien lleva a Piura en la sangre, son terribles y acogedoras las imágenes de la desgracia que –lamentablemente– pareciera no querer acabar. Hace una semana, cuando Lima sufría sus propios huaicos e inundaciones, nos era sencillo entender la desgracia de Piura, vivirla, sentirla. Hoy, que Lima se está secando, que las clases empezaron, que la ayuda es visible por doquier, Piura empieza a ser percibida como "el norte". Cierto, el gobierno sigue diligente y enfocado, así como también muchos limeños movilizados vía redes y grupos de ayuda. Pero, por favor, no dejemos de sentir la desgracia de Piura como nuestra. Necesitan nuestra ayuda, por supuesto, pero debemos ir más allá. No podemos ir pensando en la reconstrucción en Lima mientras Piura se encuentra bajo un lodazal y en una situación caótica y trágica. Hablar de reconstrucción implica hacer un balance ex post; Piura no está en situación ex post, sino en plena tragedia. Tengamos más cuidado con el lenguaje, con los gestos y preocupémonos por ayudar hoy, en lo que se pueda.

Dos. Inaceptable la decisión de la Fiscalía al aceptar esa bochornosa denuncia del gobierno venezolano contra el periodista Jaime Chincha de Willax TV. No solo es un despropósito, como bien señala Jaime Chincha, sino una vergüenza. Que el gobierno de Maduro se crea con capacidad de ir amedrentando a periodistas y opositores, bueno, se entiende; así es como, en parte, se han atornillado en el poder: limitando las expresiones, las opiniones y el sentir del pueblo venezolano. Son alumnos, siempre recordemos, de los Castro y la dictadura cubana. Pero de ahí a que un fiscal admita esta barbaridad, eso sí es inaceptable. Es una vergüenza que la Fiscalía admita estas iniciativas que no tienen otro fin que desviar la atención sobre la tragedia que vive el pueblo venezolano. Esta es otra demostración de la precariedad de nuestras instituciones y la razón fundamental por la cual requerimos una reforma urgente y radical.