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Ni el más ferviente admirador de Alberto Fujimori puede negar que los 90 fueron una de las peores (sino la peor) época para nuestras instituciones. Cierto, no venían con grandes brillos, y también es cierto que muchas se reformaron durante dicha década (como el Banco Central, por ejemplo). Pero para finales de 2000 el gobierno fujimorista controlaba casi cada institución importante en el Perú: Poder Judicial, Fuerzas Armadas y policiales, servicios secretos, reguladoras, órganos electorales, Contraloría, Fiscalía, en fin, todo aquello que le permitiría a un gobernante mantenerse en el poder ad-infinitum.

Y, como es bien sabido, no sé si pretendía quedarse hasta sus últimos días, pero queda claro que la re-reelección sería siempre necesaria en tanto los excesos y corruptelas se hacían cada vez más extensas y conocidas. Y es que ese es el principal problema de la precariedad institucional: convierte a la corrupción y el autoritarismo en un círculo vicioso; por un lado, instituciones precarias facilitan los excesos y, por el otro, los excesos obligan a perturbar aún más al sistema y sus instituciones.

Nadie (o pocos) pueden competir con el régimen fujimorista en lo que a perturbaciones institucionales se refiere, pero eso no significa que otros no lo intentaron. Toledo, por ejemplo, trató de entrometerse en medios periodísticos vía amistades, así como trató de copar (ahora sabemos para qué) instituciones como el Indecopi y los sistemas de Inteligencia.

La ex parejita presidencial fue otra aspirante. Si Humala y Heredia no pisotearon más instituciones es porque no encontraron más instituciones que pisotear: destrozaron la Presidencia del Consejo de Ministros, la Cancillería, OSCE, servicios secretos, militares y policiales, en fin… Si por ellos era, se quedaban como pretendían los 15 años anunciados, y una vez más, la razón era el círculo vicioso.

Si algo requerimos, urgente, es que este gobierno nos devuelva la esperanza (al menos) de una reforma institucional. Si no se pueden todas o muchas, al menos algunas importantes. Requiere consensos, no es fácil, eso lo sabemos. Pero al menos intenten, demuéstrennos que lo desean.