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Tanto el pedido de investigación de la procuradora Ampuero, respecto del presidente Kuczynski, como el pedido del procurador Enco, respecto del vicepresidente Vizcarra, parecen desmedidos. Se basan en dichos, una foto, notas de sitios discutibles. Hace muy bien, por ello, el gobierno en cuestionar dichas iniciativas, más aún reconociéndoles la libertad de hacerlo (como hace la ministra Pérez Tello).

No obstante, la mayoría de investigaciones se inicia de dicha manera: un medio o individuo (vía redes o blogs) hace una denuncia y las autoridades competentes reaccionan. No debería ser así, obvio, pero es la triste realidad. Medios y redes se han ido convirtiendo, de a pocos, en los productores de las principales denuncias, algo que por cierto corresponde a los entes respectivos (Policía, Fiscalía, Unidad de Inteligencia Financiera, etcétera).

Encima, como bien ha señalado ayer la jefa de los procuradores, Julia Príncipe (en entrevista con Mariella Balbi), la coordinación institucional es pésima; léase, organismos claves como la Contraloría, Procuraduría, Fiscalía, Policía, Poder Judicial y otros no conversan entre sí. Peor aún: incluso en muchos de estos organismos, se hacen visibles las peleas internas (el caso de la Fiscalía es tragicómico).

Todo esto no es más que otra demostración de los costos que asumimos por no hacer las reformas institucionales que tanto reclamamos (algunos). Estos hechos no hacen sino recordarnos los problemas que tenemos para prevenir el crimen y la corrupción, así como para perseguirlos y castigarlos cuando se requiera.

El resumen, ya sabemos, es evidente: se hace indispensable una reforma institucional, radical y holística. El problema central es el siguiente: una reforma de este tipo requiere un acuerdo político, una coordinación y un arreglo entre las distintas fuerzas políticas. Y para ello, es obvio, se necesita de un ambiente propicio. Pero lo que vivimos es todo lo contrario. Nunca la polarización política ha sido tan fuerte, tan amplia, tan brutal y destemplada.

Si por algo debemos empezar, es por ahí, por reducir dicha tensión y enfrentamiento. No será fácil, y requiere un fuerte liderazgo, pero sin ello, estamos perdidos.