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Dos aspectos puntuales de la carta de respuesta cursada por el presidente Kuczynski a la lideresa de Fuerza Popular han llamado la atención a más uno. Primero, la negativa a recibir como tercer invitado al líder histórico del PPC Luis Bedoya Reyes; segundo, la pretensión de llevar los temas tratados al Acuerdo Nacional.

El primer punto es, sin duda, el más llamativo (e inexplicable). Para empezar, es obvio que la baja confianza que existe entre ambos grupos políticos sugiere la presencia de un tercero que vele por la tranquilidad futura de ambos. ¿Por qué se negaría Palacio a la presencia de un tercero? Por supuesto, no es algo personal contra Bedoya Reyes. Si Palacio espera algo positivo de la reunión, ¿no preferiría un testigo que garantice la puesta en práctica de lo tratado? Se dice que prefieren una reunión sin terceros porque no lo necesitan; ello, sin embargo, supone un nivel mínimo de confianza.

Sobre el AN, pues la lectura es simple: es un mensaje a los terceros interesados, no al fujimorismo. Todos sabemos que el AN es un zombie, un espacio que sirve de poco o nada. Pero al señalarlo como el repositorio de lo tratado pues brinda cierta tranquilidad al antifujimorismo (como diciendo: "no se preocupen, nada de lo conversado será final").

Si ambos líderes buscan minimizar los riesgos y potenciales problemas futuros, lo mejor sería que, como sostuvimos ayer, la primera reunión sea protocolar, con la presencia de un fedetario que brinde confianza a ambos, y de ahí trabajar con paciencia, prudencia y tranquilidad en algún tipo de acuerdo mínimo, algo que permita construir confianza entre las partes. Estando aún a varios días de la cita, pues aún pueden pulir algunos aspectos claves de la misma.

Para los peruanos, lo importante es que ambos líderes no desaprovechen esta oportunidad. Pocas veces en la historia se presenta una oportunidad para que Ejecutivo y Legislativo trabajen juntos en reformas claves para el futuro y el desarrollo. Ojalá ambos entiendan la importancia de esta cumbre.