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Ayer, inaugurando las telecabinas en Kuélap, el presidente Kuczynski amenazó con hacer "cuestión de confianza" si el Congreso buscaba la censura del ministro de Transportes y primer vicepresidente, Martín Vizcarra. Valgan verdades, nadie entiende a qué responde tamaña sobrerreacción. Se entiende de algunas blogueras y trolles, pero no de un mandatario, y menos cuando las circunstancias ameritan otro tipo de práctica política.

En efecto, las cosas no pintan bien para PPK. Su popularidad, que venía cayendo a ritmo vertiginoso, continúa como una hemorragia. Y, lamentablemente, parece que no hay cirujano en el quirófano que la detenga.

El mandatario, si debiera hacer alguna cuestión de confianza, es consigo mismo. De hecho, aunque de otra manera, se la está haciendo el pueblo peruano día a día. ¿O qué cree que significa la caída de 30 puntos en tan solo seis meses?

Si de cuestiones de confianza se trata, el presidente Kuczynski se las tendría que otorgar a su gobierno. A él, su premier, sus ministros, su bancada, en fin, a todos aquellos que están directa e indirectamente relacionados a los resultados de lo que va de su gobierno.

Su desaprobación ha pasado, en los últimos siete meses, de 14% a 57%. Las razones son tan conocidas y revisadas que no perderemos tiempo en señalarlas.

Solo una persona alejada de la realidad propondría hacer una demostración de fuerza en semejante debilidad. El mandatario, por las razones que fueran, parece que aún presta oídos a estos desubicados. En fin, las cosas están así y todo apunta a que seguirán por más que sea tan claro y evidente para otros.

¿Qué les queda a los peruanos? Aguantar. ¿Cuatro años y medio más? Así es. Se llama "democracia", se trata de seguir ciertas reglas, respetarlas y honrarlas cuando las papas queman. El gobierno podría hacer mucho para hacernos las cosas más fáciles, por supuesto. Pero eso requiere otra visión, otras personas, otro programa, otra filosofía. Esa es la realidad. La triste realidad.