Redacción PERÚ21
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"No sé qué pueda pasar". Con estas palabras se despidió mi interlocutor, un alto mando del Ejército Peruano. Por obvias razones no daré más detalles, pero no es el único alarmado. La sensación de distintas fuentes en distintas instituciones es la misma: descontrol total. ¿El epicentro? En simple, el miedo del presidente Ollanta Humala frente al futuro de su esposa, la Sra. Heredia.

Los periodistas tenemos como fin supremo informar, con la mayor objetividad y veracidad posible, las cosas que suceden. No siendo infalibles ni omniscientes, informamos dentro de nuestro mejor conocimiento del estado de las cosas.

Entonces, ¿qué está pasando? Se podría resumir como el colapso del epicentro gubernamental. El presidente Humala, acostumbrado a delegar en su esposa las decisiones de carácter ejecutivo, ha decidido emprender una cruzada personal: liberar a su esposa, como sea y al costo que sea, de la cárcel. Lo de las granadas, el Lote 192 y otros asuntos que pululan en las primeras planas y los minutos prime televisivos no son importantes en estos momentos. La preocupación esencial del mandatario es liberar a su esposa de una acusación fiscal, y está dispuesto a todo para lograrlo.

El principio de la historia se remonta a la apertura de una investigación –por parte de la Fiscalía– por los contratos con Aer Caribe y la compra de unos lanzacohetes chinos que no sirven; esto generó la salida del general Hurtado. El presidente Humala se reunió con su promoción; les comentó la necesidad de hacer los cambios en la Comandancia General del Ejército y les deslizó la posibilidad de acompañarlo en una aventura política.

El jueves por la mañana viajó el general Carlos Vergara, actual comandante general del Ejército, al interior. Ahí recibió la llamada del ministro Valakivi, disponiendo la orden de inamovilidad absoluta a nivel nacional. Ante el pedido, el CGE Carlos Vergara llama al jefe del Estado Mayor y comunica la orden; ante la publicación de Perú21, minutos después toma el avión y regresa a Lima.

Entre el viernes y sábado, ayer, se han sucedido reuniones en distintos niveles y, en corto, lo que se están creando son bandos; al menos dos, tal vez tres. El viernes, se juntaron un general y un grupo de coroneles en una vivienda del Rímac; la reunión, en principio, era para discutir el tema de los ascensos, pero acabó en una propuesta fatal: dar un golpe militar. Entre los coroneles se encuentran algunos de la promoción de Antauro Humala, hermano del presidente (hoy preso por el Andayhualazo). La excusa es el desgobierno; la intención final sería liberar al candidato natural del Ejército y del nacionalismo para el 2016.

Ayer sábado, se dieron una serie de reuniones importantes. A la primera, temprano, asistieron el presidente Humala y algunos miembros de su promoción. Posteriormente se reunió con algunos ministros. Los rumores de un quiebre entre el presidente y el premier Cateriano son muy fuertes; rumores de renuncia inundaron esta y otras redacciones. Las lealtades en el Ejército están divididas, entre los que desean seguir una línea institucional, y entre los que podrían acompañar al presidente Humala en su aventura.

Las fuentes, todas, creen lo mismo: existen intenciones de quebrar el sistema institucional. Las diferencias estriban en cómo se conforman los bandos, y cuáles serían las razones de uno y otro: por un lado está el presidente Humala, quien aprovecharía su posición y lo que le queda de apoyo en el Ejército para asegurarle la tranquilidad a su esposa. Por otro lado, están quienes podrían dar un golpe preventivo. Y luego están los militares cercanos a Antauro Humala, quienes desean verlo en la contienda electoral del 2016. Cómo se agrupen será crucial en las siguientes horas, y determinará finalmente si ocurre o no un quiebre.

Para tranquilizar las aguas, y echar por tierra todas las especulaciones, bastaría una rueda de prensa del presidente Humala y del premier Cateriano. El Perú necesita, de manera urgente, un pronunciamiento –o lo que sea– que nos aclare si estos rumores tienen sustento o no. Nuestras fuentes, vuelvo a señalar, no son pocas, ni son de bajo rango, ni provienen de una institución. Ojalá entiendan los distintos actores que los peruanos no estamos para estos ejercicios de machos alfa, que nuestra democracia es demasiado frágil para soportar otro garrotazo, y que el futuro de millones de peruanos depende de la responsabilidad con la que actúen. Ojalá desmientan estos rumores, y cuanto antes mejor.

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