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Una verdadera demostración de madurez y altura política es la decisión adoptada anoche por el Congreso al suspender la interpelación (programada para hoy) al ministro Martín Vizcarra.

En efecto, la situación del país es terrible. Las imágenes que vemos por los medios y las redes son impactantes, chocantes y ameritan la unidad del país. Una interpelación al ministro Vizcarra, en estas circunstancias, no tenía sentido.

La decisión de suspender la interpelación fue, hasta donde sabemos, liderada por el fujimorismo, lo cual le da a dicha decisión una doble connotación. Por un lado, la obvia: quitarle un problema del hombro al Ejecutivo. Pero, por la otra, es un puente tendido. Habría que ser muy tozudo o necio para no verlo. Por ello, el gobierno debería aprovechar el espacio brindado para buscar un acercamiento de cara a trabajar juntos en la emergencia presente. El país requiere, como muy pocas veces, de unidad para trabajar en esta tragedia, que, todo apunta, durará al menos un par de semanas más.

Una tragedia jamás debe ser utilizada políticamente, eso está meridianamente claro. Pero una oportunidad, una vez presentada, tampoco debe ser puesta de lado, menos aún cuando esta viene acompañada de buena fe. ¿Por qué no entender este paso como una oportunidad para sentarse y reflexionar en ello? Pasa mucho en las parejas y en las empresas: una crisis que moviliza a estancos que, de otra forma, no necesitan o no les gusta trabajar de la mano.

La naturaleza nos ha creado una crisis que podría servirnos para unir a los estancos políticos detrás de una causa común. Y si ello ocurre, si en ese andar se aprende a ver en el otro a un compañero de ruta más que a un enemigo, pues tanto mejor. Le ganamos a la tragedia y al futuro que espera. Suena demasiado bueno, y probablemente lo sea. Pero ayer las partes han demostrado que hay luz al fondo del túnel. Ojalá, por el bien de todos y del Perú.