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La solicitud de prisión preventiva contra el ex presidente Alejandro Toledo, emitida ayer por la Fiscalía, no es sino una vuelta de tuerca (de muchas que deberían venir) en esta maraña de corruptelas que presenciamos. Y es que, valgan verdades, no es para menos: las corruptelas que hemos soportado estos últimos años merecen una cacería hasta las últimas consecuencias.

Nuestra batalla contra la corrupción debe ser frontal, sin miramientos ni temores. Por un lado, está el uso indebido de los fondos públicos en obras que no cumplen ningún beneficio social y/o económico. La Interoceánica Sur, por ejemplo, obra que pasó de los US$900 millones iniciales a los ¡US$3,115 millones finales! No solo es el abuso en la obra, sino, además, el costo de oportunidad de dicho dinero. Por ejemplo, ¿cuántos kilómetros de carretera Panamericana se pudieron construir con esos recursos?

La Interoceánica era un abuso, y se advirtió en su momento. Pero a los politiqueros no les importó, ni tampoco a los mercantilistas de siempre. No es el único caso, por cierto. La refinería de Talara, el proyecto Gasoducto del Sur, el satélite francés, las líneas 1 y 2 del Metro, la compra de armas y tantos otros usos de los recursos públicos también presentaron cuestionamientos de orden técnico y económico. Solo entre la refinería, el gasoducto y el satélite sumamos cerca de US$12,000 millones. Imaginemos, por un momento, cuántos proyectos de infraestructura fueron dejados de lado por atender estos elefantes blancos y estas compras sin beneficio (¿se aprovechó alguna foto del satélite durante los huaicos?). ¿Cuántos hospitales, colegios, vías, proyectos de irrigación o de logística se pudieron construir con esos casi US$12,000 millones?

En resumen, debemos perseguir a los corruptos, por supuesto, pero también establecer un nuevo esquema para que los nuevos proyectos no caigan en la misma miseria. Se necesitan mecanismos de transparencia sobre el proceso y la lógica económica, de tal manera que cualquiera pueda revisarlos. Se tienen que respetar los plazos, abrir la competencia, incrementar la supervisión. Qué hacer es conocido; una vez más, se necesita decisión.