notitle
notitle

Nada cambia. Como todos los años, las lluvias traen huaicos y, como consecuencia, tragedias: muerte, hogares e infraestructura destruidos, enfermedades y violencia los días siguientes. Y como todos los años, la capacidad de prevención del Estado es casi nula, así como la asistencia limitada e inoportuna. Parménides, aquel filósofo de Elea, nos miraría embobado. "¡Ven! Ya les digo, las cosas no cambian!".

Pues tienen que cambiar, y pronto. Nuestra economía ha crecido casi tres veces en los últimos 20 años, y no hemos sido capaces de transformar dichos ingresos en mejoras sustanciales en la calidad de vida. No hablo de los ingresos personales, y los frutos de ese esfuerzo: si de celulares, autos, viajes y otras muestras de gasto y consumo privado se trata, pues a todos nos va mejor… mucho mejor.

Hablo del aporte que el Estado brinda a la calidad de vida: salud, educación, servicios públicos, seguridad, infraestructura. Los avances son mínimos y, en algunos casos como en la educación, inexistentes.

Este descalce entre lo que aportamos los peruanos al Estado y los retornos del mismo en bienes y servicios es inaceptable. Quien tiene que cambiar, por supuesto, es el Estado (así algunos funcionarios sigan con el tole-tole de las "percepciones"). Ejemplos a nivel mundial de cambios existen, por cierto, y muchos. Australia, Irlanda, Nueva Zelanda son ejemplos de qué hacer; en nuestra región está el ejemplo de Costa Rica.

Sí se puede cambiar; lo importante es decidirse a hacerlo. El cambio no vendrá por sí solo. En esto no podemos seguir a Heráclito, otro filósofo griego para quien el cambio era inevitable. Tenemos que actuar decididamente para ver cambios profundos en estos temas.

Como en todo, cambios de este tipo requieren liderazgo, oportunidad, ideas, equipo y recursos. Casi todas estas variables están hoy presentes. La gente está harta (oportunidad); las ideas sobran, a nivel local e internacional; equipo existe, sin duda; y recursos para estas aventuras se consiguen sin mayor problema. ¿Y el liderazgo? Esa es la decisión que debe tomar el presidente.